sábado, 27 de agosto de 2016

La unidad monetaria del Patrón Oro


Como ya vimos en un post anterior, en el sistema de Patrón Oro el dinero es oro y el oro es dinero. Evidentemente el bien económico usado como dinero es algún metal precioso. Siendo metal noble, es uno de los bienes físicos más tangibles y, por lo tanto, se suele intercambiar en términos de peso (en unidades como toneladas, libras, onzas, kilos, gramos, etc.). Consecuentemente, el oro va a ser cambiado en términos de peso y todas las monedas nacionales serán definidas como pesos particulares de metal precioso (Rothbard, 1963: 12; 1983: 9).

Bajo Patrón Oro genuino, la unidad monetaria (la unidad para hacer las cuentas) es, de facto y de iure, una unidad de peso de oro (bien elegido por el mercado como dinero). Esto es así ya sea que la unidad monetaria adopte directamente el nombre del estándar de peso puro (gramos, onzas, etc.) o si se elige un nombre especial (dólar, franco, etc.). Cualquiera sea el caso, el nombre simplemente está designando un específico estándar de peso del bien usado como dinero (Salerno, 2010: 330, 356). Sin importar en absoluto el nombre, lo relevante es que el dinero es el oro. El mercado elegirá la unidad común de tamaño del bien monetario que sea más conveniente. Por ejemplo, si el platino es dinero, probablemente sea comerciado en fracciones de onza; si se usara el cobre, en libras o toneladas. El tamaño elegido es irrelevante para el análisis (Rothbard, 1963: 15). En resumen, suponiendo que el mercado elige como dinero el oro (algo que no necesariamente es o será siempre así), con el sistema de Patrón Oro tenemos que:


Dinero = dinero mercancía = oro

Unidad monetaria = unidad de peso del bien monetario (dinero) = gramo de oro, onza de oro, etc.

Nombre de la moneda = nombre para una cierta unidad de peso del bien monetario = dólar (1/20 onza de oro), franco (1/100 onza de oro), libra esterlina (1/4 onza de oro), etc.


Como se ve, la unidad monetaria es, por ejemplo, la onza de oro y “dólar” es simplemente un nombre para la cantidad 1/20 de onza de oro. El “dólar” es definido como el nombre para aproximadamente 1/20 de una onza de oro, la “libra esterlina” es definida como nombre para aproximadamente 1/4 de onza de oro, etc. (Rothbard, 1963: 14) Noten que el término “dólar” se aplica solo a onzas de oro, y no a onzas de cualquier cosa. La unidad monetaria es una unidad de peso de un cierto bien usado como dinero, como el oro (Rothbard, 1962: 30). Se refiere a un determinado y especifico ente.

Los nombres por sí mismos, sin importar cuales sean (dólar, libra esterlina, franco, marco, peso, etc.), jamás pudieron surgir del mercado como dinero. ¿Cómo se engendraron entonces? Simple, todos y cada uno de esos nombres se originaron como denominaciones para unidades de peso del bien dinero, oro o plata u otros (Rothbard, 1962: 29). No comenzaron como nombres puros, entidades independientes, sino denominaciones para unidades de peso de bienes dinerarios particulares.

Es por esto que, como ya vimos extensamente, es completamente incorrecto decir que bajo Patrón Oro “el precio del oro es fijo en términos de dólar” o que “el dólar es fijado a ser igual a un cierto peso de oro”. El dólar no es un ente independiente a intercambiar. El dólar es definido como una unidad de peso, 1/20 de una onza de oro. El dólar es ese peso de oro (Rothbard, 1962: 30).

De paso, vale la pena acotar que si la unidad monetaria se hubiera conocido siempre como la unidad estándar de peso (“onzas de oro”, “gramos de oro”, etc.) en lugar de reconocerse con nombres (“dólar”, “libra”, etc.), habría sido mucho más difícil para los gobernantes inflar artificialmente la cantidad de dinero (Rothbard, 1983: 51-52). Los gobiernos con acciones deliberadas impulsaron que se usaran nombres de divisas nacionales en lugar de unidades estándar de peso (Rothbard, 1962: 32-42). Lamentablemente, el Patrón Oro clásico pecaba de esta característica peculiar fomentada estatalmente: la unidad monetaria oro implicaba diferentes nombres en distintos países, en lugar de estar denominada en unidades de peso estándar (gramos, onzas). En un mercado libre puro, el oro o unidad monetaria simplemente se cambiaría usando nombres estándar de peso (gramos, granos, onzas, etc.) y el uso de confusos nombres como “dólar”, “franco”, etc. sería superfluo e inútil (Salerno, 2010: 351; Rothbard, 1963: 14).







Rothbard, Murray N. (1962) The Case for a 100 Percent Gold Dollar. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2001.

Rothbard, Murray N. (1963) What Has Government Done to Our Money? Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 2010.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Mises Institute. 2008.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 24 de agosto de 2016

El Patrón Oro requiere la circulación de monedas



Cuando la sociedad se encuentra bajo un Patrón Oro estricto, la forma física del bien que se usa como dinero (oro) puede ser variada. Por ejemplo, no es inverosímil que se presente en formato de joyería. Pero lo más común históricamente ha sido que el oro circule entre los agentes ya sea como (a) monedas para transacciones diarias normales o como (b) bullion (barras o lingotes de un cierto grado de pureza y peso) para grandes sumas. Por lo tanto, es esperable que las monedas circulen y cambien de manos con mayor frecuencia que el bullion. Adicionalmente, podría ocurrir y ha ocurrido que a las monedas de oro se les complementen otras de plata para operaciones con montos muy pequeños. Ese oro físico se encontrará en los saldos de tesorería de los miembros de la sociedad junto con una cierta cantidad de sustitutos monetarios.

La demanda de oro por parte del público, principalmente en forma de monedas aunque también bullion, es de importancia fundamental para el correcto funcionamiento del Patrón Oro por varias razones:


  • (1) Familiaridad con el verdadero dinero: la primera razón es que el público general debe estar habituado al uso del bien que ha sido escogido como dinero luego de un proceso evolutivo de miles de años. Es por eso que las monedas, u otras formas de dar formato a cantidades pequeñas de metal precioso (lo que no excluye las monedas de plata), son fundamentales: el público general, desde el más pobre al más rico comenzando todos a su más temprana edad, debe conocer y reconocer el oro o plata, además de los sustitutos monetarios. Debe acostumbrarse a intercambiar con ellas, saber distinguir si son verdaderas (así como hoy lo hace con billetes) y verlas de forma regular. El efectivo debe ser el metal precioso, la gente debe saber que el oro es el dinero. Tener monedas de oro en sus casas para sus compras del día a día y guardadas en baúles. El público conoce así, la solidez del dinero sonante. Tristemente, hoy en día hay mucha gente con más de 40 años que jamás vio en su vida una moneda de oro. Nunca conocieron el dinero real, más allá de los billetes papel fiat, chequeras o números en una cuenta bancaria.

A pesar de que este primer punto es una opinión personal, luego de escribirlo he notado, con inmenso gusto, que el propio Mises (posteriormente en su vida) pensaba muy similar (Hülsmann, 2007: 650-51, 921-23). Para el economista austriaco la principal función de que la gente este acostumbrada a usar oro es que siempre estarán conscientes de que el dinero del país es el oro y que están bajo Patrón Oro. Esta concientización no es solo por un tema pedagógico, sino que permite que el ciudadano medio pueda saber si su gobierno está apegado a políticas de dinero sano o si está tratando de manipular el sistema monetario (Hülsmann, 2007: 650-51). La verdadera defensa del Patrón Oro la hacen los ciudadanos y su comercio, no el Estado. Mientras la gente tuviera en las manos dinero real, notarían cualquier desviación de políticas sanas. Cualquier banco o gobierno que se negara a redimir cheques sería inmediatamente reconocido como fraude (Hülsmann, 2007: 922).


  • (2) Control sobre la banca: en el sistema de Patrón Oro, un incremento de la demanda de oro implica necesariamente un factor de decrecimiento de las reservas de los bancos comerciales. La gente va a los bancos, disminuye su tenencia de depósitos a la vista o notas y pide su oro de regreso. Los bancos o deben usar sus reservas o, en caso de existir banco central, deben ir hasta este a comprar oro, depredando sus reservas. Inversamente, una caída en la demanda de oro provoca un incremento de las reservas de los bancos (Rothbard, 1983: 148).

En palabras simples, un aumento de la demanda de oro por parte del público disminuye las reservas de los bancos en el mismo monto. Ese oro es, en general, en forma de monedas. Pero no se detiene ahí, el decrecimiento monetario bancario va más allá de la caída de reservas cuando los bancos actúan con reserva fraccionaria. A lo largo de los meses, la caída de reservas hará desaparecer de forma multiplicativa el “dinero bancario” (en este caso, sustitutos monetarios sin respaldo, conocidos como medios fiduciarios). La demanda de oro del público ejerce un efecto muy significativo en las reservas de los bancos y, por ende, en la expansión y contracción de medios fiduciarios bajo el sistema de reserva fraccionaria (Rothbard, 1983: 148-49).

Adicionalmente a este drenaje interno de oro, el escape externo también es una fuerza que contribuye a deflactar la previa inflación monetaria del sistema de reserva fraccionaria. Por ejemplo, para el comercio exterior y para transacciones importantes de grandes comerciantes, en lugar de monedas se usa bullion. En cualquier caso, los efectos son exactamente los mismos: contraer las reservas de los bancos. La forma física del bien monetario es irrelevante para sus efectos económicos.


  • (3) Corridas bancarias: No solo es importante el control antes mencionado para evitar en la medida de lo posible que se hagan mal las cosas, sino también poder castigar y hacer caer a quienes ya lo hayan hecho mal. Las corridas bancarias son un suceso en el cual un número importante de los clientes (depositantes y los tenedores de notas) pierden la confianza en el banco y temen que no pueda redimir inmediatamente el efectivo. Los depositantes y tenedores de notas simultáneamente se apresuran al banco a cambiar por efectivo (monedas de oro y bullion) sus depósitos y notas, otros clientes se enteran y la corrida se intensifica. A veces, una corrida contra ciertos bancos puede desembocar en una corrida contra todo el sistema bancario.

Dado que el efectivo es el oro y que los bancos son requeridos a redimir sus notas o depósitos de inmediato en ese metal precioso, el público ejerce una muy saludable presión sobre el sistema bancario que actúa con reserva fraccionaria. Las corridas bancarias o simplemente la amenaza de ellas son suficientes para que la banca actúe mucho más prudentemente en sus aventuras inflacionarias de lo que actuaría sin ese apremio.

La corrida bancaria es un método rápido y eficiente para limpiar la economía de bancos tóxicos y muy inflacionarios. Es maravillosamente efectiva porque (a) es irresistible, en el sentido de que una vez comenzada es muy difícil de detener y (b) es un mecanismo dramático para llamar la atención de la gente sobre la inherente insolvencia e iliquidez del sistema de reserva fraccionaria por lo que (c) las corridas se retroalimentan entre sí, pues una puede inducir que siga otra en otro banco (Rothbard, 1983: 113). A pesar de estas propiedades curativas para el sistema económico, su desventaja principal es que es un evento que no ocurre seguido. Cierto es que, cuando pasa, es devastadoramente rápido. Pero una corrida puede suceder luego de una considerable expansión del crédito por parte de la banca. El miedo constante de los bancos a la corrida pone un cierto freno a que la orgía inflacionaria no sea muy grande, pero aun así la banca puede montarse una buena cantidad de expansión crediticia antes de la catástrofe. Las corridas no son una restricción continua e importante en el día a día, sino un fenómeno de una vez que actúa mucho después de que la inflación ocurrió (Rothbard, 1983: 114).


  • (4) Correcto funcionamiento del Mecanismo Flujo-Precio-Especie: esto está relacionado con los puntos (2) y (3). La fuerza combinada de los drenajes de reservas internas y externas (internal and external drain) son parte del sano funcionamiento del Patrón Oro y de los grandes límites a la inflación que tanto el banco central estatal como del sistema bancario pueden lograr.

La
reversión de la expansión monetaria que provocan las retiradas de oro es esencial. A continuación se presenta la explicación convencional del mecanismo, pero en un futuro post notaremos que el asunto es un poco más complicado. Veamos cómo funciona: ya sea porque se descubren nuevos yacimientos de oro o luego de una expansión de medios fiduciarios por parte del sistema bancario o iniciada por el central, los precios de los bienes y servicios del país que expande se elevan por encima de lo que serían en ausencia de ese crecimiento monetario.

Dado que los precios internos ahora son relativamente mayores que los de otros países, quienes no experimentan inflación monetaria, las exportaciones caen mientras las importaciones aumentan, creando un déficit de balanza de pagos. El país vende menos bienes y servicios al exterior y menos turistas llegan, pues sus precios son más caros. Al mismo tiempo, los residentes dejan de comprar los productos nacionales y se vuelcan a adquirir los extranjeros más baratos, hacen turismo en otros países y los vendedores foráneos notan que en el país pueden vender sus productos a mayor precio que en sus respectivas naciones.

Ese déficit de balanza de pagos crea una salida de oro del lugar que infló su stock de dinero. Más dinero está saliendo del país de lo que entra. Los extranjeros no desean los sustitutos monetarios de la nación con déficit, no quieren los dólares, sino que buscan el oro para así conseguir sus propios sustitutos monetarios en sus territorios. La sangría externa de metal precioso, así como la conversión de notas y depósitos bancarios a oro interna, contraen la oferta monetaria.

La amenaza de ese drenaje externo puede hacer que el sistema bancario contraiga sus préstamos. Y así, las dificultades de muchos negocios y quiebras pueden despertar desconfianza hacia los bancos. Puede, de esta forma, desencadenarse una corrida bancaria importante. E incluso si no empieza, la creciente amenaza de su posibilidad hará a los bancos endurecer su posición prestamista.

Ba
jo Patrón Oro, ninguna nación puede mantener continuamente déficits de balanza de pagos, pues todas sus reservas saldrán del sistema. El dinero (metal precioso, oro) no puede fluir fuera del país constantemente por demasiado tiempo. La salida de oro provoca una contracción de la cantidad de dinero doméstica. Ello reduce los precios internos, promueve exportaciones y restringe importaciones hasta que se repone la cantidad de dinero domestica desde el exterior. Y mucho antes de perder las reservas, habrían corridas bancarias dentro del país que, al tratar todos los clientes de convertir sus depósitos y notas a oro, acabarían con el sector bancario deflacionando la oferta monetaria.

Tanto si aumenta la demanda de oro interna como la externa (dada la pérdida de competitividad por los mayores precios internos), la contracción monetaria es parte del mecanismo equilibrador. La deflación dineraria hace que los precios internos del país que previamente infló, caigan. Su desplome puede llegar ya sea a la misma altura de los precios internacionales o por debajo de estos. Si ocurre que caen por debajo, el movimiento se revierte: las exportaciones nacionales aumentan mientras las importaciones caen. Incrementando la entrada de oro y la oferta monetaria y reiniciando lo antes explicado hasta llegar a algún equilibrio.

Si a la demanda externa, que generalmente se satisface con barras de oro para comercio exterior, se le suma un incremento
de la demanda doméstica de metálico en monedas depredando las reservas de los bancos, el ajuste contractivo deflacionario será mayor y más rápido. Con lo cual el mecanismo funcionará y se saldrá de la situación de engaño inflacionario a mayor velocidad.








Hülsmann, Jörg G. (2007) Mises: The Last Knight of Liberalism. Auburn, Alabama: Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1983) The Mystery of Banking. Auburn, Alabama: Mises Institute. 2008
.

miércoles, 10 de agosto de 2016

El mito del Patrón Oro y el tipo de cambio fijo


Cuando se habla sobre Patrón Oro clásico buena parte del mainstream económico, vía innumerables libros de texto de Economía, suele describirlo como un sistema de “tipo de cambio fijo” o que el Estado “fija el precio del oro” (Sachs y Larraín, 2006: 251-52; Mankiw, 2014: 516-17; Eichengreen, 1996: 260; Mastrianna, 2013: 328).


Los partidarios de la Escuela de Chicago, quienes en buena parte son responsables de ligar al Patrón Oro clásico con los tipos de cambio fijos, suelen criticar a los de la Escuela Austriaca más o menos en estos términos: “Mantener un precio fijo entre el dólar y una unidad de oro es simplemente un control de precios. ¿Por qué ustedes austriacos, que creen en el mercado libre con tanta pasión, impulsan ese intervencionismo? ¿Cómo es posible que favorezcan el Patrón Oro clásico si en él el Estado aplica un control de precios? ¿Por qué si son liberales no dejan fluctuar el precio del oro libremente?” Como veremos a continuación, esa identificación de “Patrón Oro clásico = tipo de cambio fijo” es completamente errónea.

Recuerden que el término “tipo de cambio” es solo otro nombre para “precio”. En particular, el precio de una divisa extranjera en términos de la nacional. Por lo tanto, “tipo de cambio fijo” implica por necesidad un precio fijado, generalmente por la autoridad.

¿Qué es un precio? Simplemente es un cociente (una división o ratio) entre cantidades intercambiadas de dos bienes distintos. Por ejemplo, si para obtener (la cantidad de) una pizza la persona debe entregar (la cantidad de) 100 pesos, entonces el precio es $100/1 pizza o como comúnmente lo expresa la gente: “la pizza vale $100”. Noten que son dos bienes diferentes, dos mercancías independientes (pizzas por un lado y pesos-dinero por otro). No necesariamente deben ser desiguales en términos físicos, sino en términos subjetivos de los actores que intercambian. Es fundamental entender que en el caso de cualquier precio las entidades intercambiadas son independientes o distintas las unas de las otras, ya sea que estemos en una economía de trueque (bienes pizzas a cambio de bienes zapatos) o monetaria (bienes pizzas a cambio de bien dinero). La propia idea de un mercado únicamente tiene sentido entre diferentes entidades, distintos bienes y servicios (Rothbard, 2011: 743-44; Salerno, 2010: 350-51). En resumen, cualquier mercado, cualquier intercambio o cualquier precio, única y exclusivamente tiene sentido con bienes o servicios considerados diferentes.

Con el dinero bajo Patrón Oro clásico la historia es opuesta. El oro y el dólar (o la libra, el franco, el marco, el peso y cualquier otra denominación) NO son dos bienes independientes o diferentes. El dólar y el oro son uno y el mismo bien, solo que uno (el dólar) es la unidad de peso del otro (el oro). Dado que son lo mismo, es absurdo que haya un mercado y, por ende, un precio para un bien en términos de sí mismo. Se estaría intercambiando el bien por el mismo bien.

A nivel mundial, en ese sistema los nombres de las diferentes monedas nacionales no son entidades independientes, como frutillas y zapatos, sino solo motes de la misma cosa. Son denominaciones para distintos pesos de oro o plata. Por ende, deben tener el mismo estatus que cualquier definición fija de peso o medida. Un mercado y precios no tienen sentido entre distintas unidades de la misma entidad. Hay mercado para intercambiar entre bienes distintos como el cobre, la leche, la carne o las frutillas; pero no lo hay para cambiar entre onzas de cobre y kilos de cobre o entre litros de leche y galones de leche o entre metros de tela y pies de tela (Rothbard, 2011: 744; Salerno, 2010: 350-51).

Pero aun suponiendo el caso absurdo de que se creara un mercado para, por ejemplo, centavos y dólares, sería completamente caótico que la relación fija de 100 centavos = 1 dólar fluctuara día a día u hora a hora. Por supuesto, algo con tal volatilidad jamás podría cumplir la función de unidad de medida para contabilidad o cálculo económico. Las unidades de medida (1 dólar = 100 centavos, 1 onza = 28,35 gramos, 1 metro = 3,28 pies, etc.) deben ser necesariamente fijas para que cumplan su propósito, sino no sirven. Cualquier intento de medida se desvanece cuando se cambian las relaciones entre, por ejemplo, metros y pies. Para los cálculos humanos, las unidades de medida o son fijas o no son unidades de medida (Rothbard, 2011: 743). Una libra es universalmente definida como consistente de 16 onzas, un dólar es definido como consistente en 100 centavos. Los estándares de peso o medición se establecen por definiciones comunes y es precisamente para que sean fijos para todos los que los usan.

Decir que, bajo Patrón Oro, el gobierno “fijó arbitrariamente” el tipo de cambio entre varias monedas es como decir que definió arbitrariamente 1 libra de peso como compuesta de 16 onzas o 1 metro como 3,28 pies o un dólar como 100 centavos. Esas definiciones, todas las de peso o medida, no tienen por qué haber sido necesariamente impuestas por el gobierno. No hay nada que impida que puedan ser fijadas por grupos de científicos o costumbre y uso común del público general (Rothbard, 2011: 745-46). De hecho, la libra es universalmente definida como consistente en 16 onzas, no por un edicto del gobierno sino porque los estándares de peso y medida se establecen por definición de uso común.


Otra forma de verlo es como explica George Selgin: "Patrón Oro significa que una masa estándar de oro (tantos gramos u onzas de oro puro) define la unidad monetaria doméstica. La unidad monetaria ("dólar") no es otra cosa que una unidad de oro, no es un bien por separado con un potencial precio fluctuante contra el oro... la moneda doméstica (y las cuentas corrientes) estaba denominada y era redimible en oro, pero no tenían un precio en oro."

Veamos un ejemplo con diferentes monedas de distintos países como el de Rothbard (2011: 745-46): un dólar fue definido como aproximadamente un veinteavo de onza de oro, la libra esterlina como un poco menos de un cuarto de onza de oro y el franco como un centésimo de onza de oro. Es decir:


1 dólar = 1/20 de onza de oro

1 libra = 1/4 de onza de oro

1 franco = 1/100 de onza de oro

Dadas esas definiciones, las equivalencias son simples operaciones aritméticas. Por ejemplo, para saber cuánto equivale una libra en términos de otras monedas hay que hacer: (1/4)/(1/20) para el dólar y (1/4)/(1/100) para el franco. Por lo tanto, la libra se cambiaba por cinco veces lo que se cambiaba por un dólar, la “tasa de cambio” entre dólar y libra es cinco dólares. Re
pitiendo el proceso tenemos:



1 dólar = 1/5 libra y 1 dólar = 5 francos

1 libra = 5 dólares y 1 libra = 25 francos

1 franco = 1/5 dólar y 1 franco = 1/25 libra

Una libra es igual a cinco dólares por el simple hecho matemático de que 0,25 (1/4) es cinco veces 0,05 (1/20). La libra tenía aproximadamente cinco veces la cantidad de oro y por ello era cinco veces más valiosa que el dólar y veinticinco veces el franco. Pero noten que ello es así no por las leyes del mercado ni porque el gobierno “fijó el precio del oro”, sino simplemente por las leyes de la aritmética (Salerno, 2010: 350). 5/20 onzas de oro (5 dólares) es igual a 1/4 de onzas de oro (una libra). ¿Hay algo arbitrario allí? ¿Existe control de precios en eso? No y no. Había 5 veces la cantidad de oro en una libra, porque fue definida como 1/4 de onza, de lo que había en un dólar americano, que fue definido como 1/20 de onza. Es, por tanto, incorrecto usar el término “tipo de cambio” o “tasa de cambio” para describir la relación entre dólares y libras. Como ya se repitió varias veces, los tipos de cambio o precios designan una división de cantidades de dos bienes distintos, mientras la libra y el dólar designan dos pesos diferentes del mismo bien, el oro.

Si
la gente llevaba su oro al banco, se hacía un contrato con este por el cual devolvería la propiedad del depositante (el oro) cuando el cliente redimiera la nota de banco o dólar. Pero la nota de banco o la chequera o el dólar no eran dinero en si mismos, eran un recibo que permitía redimir esa nota por dinero (oro). Podían usarla de sustituto monetario porque era más conveniente si querían. Aun así, la nota o el dólar no era dinero y, lo más importante, la gente lo comprendía perfectamente. Si le dan a alguien un título de propiedad de un auto, esa persona sabe perfectamente que el título no es el vehículo. De la misma forma, el banco no les vendía oro a sus depositantes cambio de la nota de banco o dólar, sino que cumplía un contrato de redimir la propiedad a cambio del título de la misma. Por ende, la tasa a la cual el banco devolvía oro a cambio de redimir la nota no era un precio. En Patrón oro clásico, todas las naciones del sistema tienen el mismo dinero: el oro. Aunque sí pueden tener diferentes nombres que designan distintas unidades o pesos del dinero (oro).


Como se ve, la paridad fija se establece tanto (a) entre las notas de banco o billetes y el oro, como (b) entre distintas monedas de diferentes países (y distintos bancos centrales). En ambos casos el dinero es el oro. En cuanto a (a), el banco, banco central o gobierno cumplen su contrato para redimir dinero (oro) a cambio del título de propiedad, no están vendiendo oro. Y en cuanto a (b), todas las naciones usan un solo dinero: oro. Las divisas son solo nombres de distintos pesos de la misma cosa y, por ende, las diferencias de cambio siguen las leyes de la aritmética, no las de oferta y demanda.

En conclusión, bajo Patrón oro clásico no hay tipo de cambio fijo ni hay fijación por parte del gobierno del precio del oro. Un tipo de cambio es un precio entre dos cosas diferentes. Lo que conocemos como nombres de distintas divisas nacionales no son entidades independientes en absoluto. No son, en esencia, cosas diferentes, sino diferentes pesos de la misma cosa (oro o plata). Dado que son eso, deben tener necesariamente el mismo estatus de definición fija que el peso o la medida (Rothbard, 2011: 743). La equivalencia entre e
llas está regida por las leyes de la aritmética y no por las leyes de oferta y demanda o por una fijación de precio del gobierno. Describir el Patrón oro como “fijar el precio del oro” o como “tipo de cambio fijo” es un grave malentendido. Bajo Patrón Oro clásico, el dinero es el oro y el oro es el dinero (Mises, 1949: 425) y, contra lo que dicen los monetaristas, no hay ningún control de precios.








Eichengreen, Barry (1996), La globalización del capital: historia del sistema monetario internacional. Barcelona, España: Antoni Bosch editor, S.A.

Mankiw, N. Gregory (2014) Macroeconomía, 8ª ed. Barcelona, España: Antoni Bosch editor, S.A.

Mastrianna, Frank V. (2013) Basic Economics, 16ª ed. Estados Unidos: South-Western, Cengage Learning.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar’s Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Rothbard, Murray N. [Ludwig von Mises Institute Ed.] (2011) Economic controversies. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Sachs, Jeffrey D. y Larraín B., Felipe (2006), Macroeconomía en la economía global. Buenos Aires, Argentina: Pearson Education, S.A.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute
.

martes, 2 de agosto de 2016

El gran fracaso del socialismo del siglo XXI


La mitología de izquierda ha hecho creer a mucha gente que gracias a que Hugo Chavez tomó el control de Venezuela en 1999, toda la prosperidad posterior es a causa de él. Y nunca fallan en mostrar estadística tras estadística social que mejoró supuestamente debido a la política económica bolivariana. Como ya realizamos anterioremente con Stalin, hoy veremos que eso es un mito. 

Grier y Maynard (2016) tienen un paper fenomenal que destruye una parte importante del mito del legado chavista. El trabajo se limita a estimar las diferencias de las políticas con Chávez vs sin Chávez en el ingreso, salud, pobreza y desigualdad de Venezuela. Vale la pena aclarar que el grupo de control para hacer esto no es exacto, porque tal cosa no existe. Salvo que podamos crear un universo paralelo, no tenemos observaciones de Venezuela posteriores a 1999 sin Chávez presidente. Lo que hacen ellos es crear un grupo de control sintetizando la performance de ciertos países similares a Venezuela, un promedio ponderado de esas naciones (ninguna de las cuales tuvo a Chávez), la cual denominan "Venezuela sintética". Por ejemplo, el ingreso per cápita de esta Venezuela sintética es nada menos que un promedio ponderado del ingreso per cápita de los países tomados para control (Grier y Maynard, 2016).

Claro, los dos problemas más importantes son qué países elegir y escoger cuánto pesarán en el promedio (la ponderación). Ninguno de los países elegidos para hacer la Venezuela sintética debería tener a alguien con políticas muy similares a las de Chávez. Mientras el grupo de control logre captar exitosamente otras influencias en la economía venezolana, mejor representa el contrafactual que se desea. Se buscan países con relaciones similares entre las variables para el control (ingreso per capita, salud, etc.) y sus determinantes a Venezuela. Las naciones con indicadores más parecidos al país de Chávez reciben mayor peso al crear el control (Grier y Maynard, 2016). Para capturar similitudes geográficas, de historia, cultura y mucha dependencia en exportaciones de petróleo, los autores eligen casi todos los países de Latinoamérica (salvo Bolivia, Ecuador o Nicaragua pues obviamente tuvieron sus procesos políticos tipo Chávez en el mismo periodo) y países de la OPEP para los que hayan datos. También incluyen Canadá y Noruega que son exportadores de petróleo pero no miembros de la OPEP. En total, 20 países integran el grupo de control usado para la Venezuela sintética. Las cinco variables a comparar son: ingreso per cápita, expectativa de vida, mortalidad infantil, pobreza y desigualdad (Grier y Maynard, 2016). No es de extrañar que veces ocurra que faltan datos de algunos países para cada una de esas variables

Veamos ahora como pudo haber sido la historia y las diferencias entre la Venezuela sin Chávez (Venezuela sintético) y la Venezuela con Chávez, empezando con el ingreso per cápita.


Noten cómo luego de la elección del socialista en 1998 hay cada vez más diferencia entre la Venezuela con Chávez y sin él. Hasta el año 2009 el PBI per cápita real (dólares de 2005) venezolano está 4.300 dólares por debajo de la Venezuela sin Chávez. Las políticas bolivarianas causaron empobrecimiento general a los venezolanos. Para mayor rigurosidad en esto, los autores llevan a cabo unos tests placebos repitiendo el ejercicio para cada uno de los 19 países usados durante el periodo pre-Chávez 1970-1998 y además hasta hacen un ejercicio con el corte en 1988 (y asumiendo que Chávez fue elegido entonces) para testear si la capacidad predictiva caía en 1970-1988 y 1989-1999. Ambas pruebas fueron pasadas y, por ende, tenemos un caso muy fuerte para afirmar que sin Chávez el ingreso real per cápita de Venezuela en 2009 sería al menos 4.300 dólares más alto.

Pero me dirán "la riqueza nacional no es todo, hay que ver los indicadores sociales". Ok, veamos algunos. 


Este es el gráfico de la expectativa de vida de la Venezuela con y sin Hugo. Ciertamente el modelo predice que con Chávez es aproximadamente un año inferior de lo que hubiera sido sin él. Observen cómo la distancia lentamente se hace cada vez mayor desde que el bolivariano asume. Una diferencia no extremadamente importante, pero diferencia en fin. En otras palabras, sin las políticas de Chávez, no solo la expectativa de vida de los venezolanos habría aumentado de todos modos, sino que además se hubiera incrementado algo más.


En la mortalidad infantil prácticamente no hay diferencias en ambos casos. De haber estado ausentes las políticas de Chávez, la mortalidad infantil hubiera descendido en casi exactamente la misma medida que con ellas. Sus políticas no "causaron la mejora en el bienestar de la gente", este se hubiera acrecentado sin ellas también.


Hay una dificultad en el tema de la tasa de pobreza (definida como el porcentaje de la población que vive con menos de 5 dólares diarios) que no es culpa ni del modelo ni de los autores, que es el hecho de que hay pocos datos de pobreza comparables entre países. Lo que limita tanto el tango de años como los países para hacer el grupo control. Por eso el modelo no se ajusta "tan bien" como antes. Aun con esas dificultades, se puede ver que captura bien la tendencia general creciente de la Venezuela de los 80s y 90s. Observando la historia como fue, la línea azul de Venezuela, luego de la elección de 1998 la pobreza alcanza picos en 2002-2003 y después cae constantemente año tras año hasta 2006, el último disponible. Pero noten que prácticamente el mismo patrón se hubiese obtenido sin Chávez. A tal punto que en 2006 la pobreza está apenas un poco más alta sin Chávez que con él. La conclusión es demoledora: sin las políticas de Chávez, la pobreza en Venezuela hubiera disminuido casi lo mismo. Como dicen los autores: "No encontramos evidencia de que Chávez tuvo un impacto significativo en la tasa de pobreza de Venezuela."


Tanto o más difícil es contar con datos buenos y homogéneos sobre desigualdad y que no tengan años vacíos. Los autores deben interpolar los de algunos países para completar los años faltantes. Como se puede ver, el modelo de la Venezuela sin Chávez captura bien la tendencia general de la desigualdad. La desigualdad con el bolivariano comienza a caer rápida y constantemente recién desde 2003 desviándose de la Venezuela sintética. Aun así, esa diferencia comienza a disminuir los últimos años de la muestra. Es decir que aun sin Chávez, la desigualdad habría caído considerablemente en Venezuela. De hecho, si tomamos todo el periodo de Chavez, no solo desde 2003 (cuando la desigualdad empieza a caer fuerte), luego de los tests placebos hay poca evidencia de que la desigualdad fuera menor relativa a la que hubiera habido sin chavismo. En palabras simples, sí, puede ser el caso de que desde 2003 la desigualdad cayó más rápido de lo que hubiera caído sin Chávez. Pero tomando en cuenta todo el periodo chavista, no hay evidencia de que redujo la desigualdad más de lo que se hubiera reducido sin él. Sin el bolivariano la desigualdad de todas maneras habría caído y no se hubiera diferenciado demasiado de si tomamos en cuenta su periodo completo de gobierno.

En conclusión, todas las estadísticas sociales vistas muestran que sus mejoras no se debieron necesariamente a las medidas chavistas. Todas habrían ocurrido si Hugo Chávez no hubiera gobernado, él no fue necesario para que ocurran. Pero la parte más absurda y trágica es que el mismo recorrido que la economía hubiera tomado, Chávez lo realizó al costo de empobrecer de manera brutal a los venezolanos en términos de ingreso per cápita. Ni hablar del desastre que es Venezuela hoy en día como consecuencia de sus políticas. Chávez ha hecho pagar a Venezuela un costo descomunal y ni siquiera obtuvo mejores resultados, sino prácticamente los mismos. Un testimonio calamitoso y patético de ese mamarracho absurdo y funesto que es el "Socialismo del siglo XXI".




Griera, Kevin y Maynard, Norman (2016), “The economic consequences of Hugo Chavez: A synthetic control analysis.” Journal of Economic Behavior & Organization. Vol. 125, 1-21.

jueves, 28 de julio de 2016

El tamaño del Estado en Argentina: gasto público global 1961-2014


¿Cómo evolucionó el tamaño del Estado argentino en los últimos 53 años? Espert; Dabós y Vignoli (2015) realizan un trabajo brillante sobre los determinantes del tipo de cambio en Argentina. Dentro del mismo se encuentra una serie de 53 años de Gasto Público Global como porcentaje del PBI. A continuación está graficada:

Gasto público global de Argentina 1961-2014, en porcentaje del PBI.
Fuente: Espert, Dabós y Vignoli (2015)  

Como se observa claramente, el nivel actual de tamaño del Estado es inédita. Nunca jamás en la historia desde 1961 el gobierno a sustraído tanta porción del PBI. Le guste o no a los políticos y los analistas el actual problema fiscal argentino es extremadamente grave.
 

Apéndice

¿Qué es el Gasto Público Global? Desde 1961 hasta 2001 se usa el total de gastos (antes de Figurativas) publicado por el Ministerio de Economía. El Gasto Público Global Consolidado no es otra cosa que el Gasto Público Primario Consolidado más los Intereses de la Deuda Pública del Gobierno (Espert; Dabós y Vignoli, 2015). Para 2002-2014 se usa la siguiente fórmula:

Gasto Público Global Consolidado = Gasto Público Primario Consolidado + Intereses de la Deuda Pública Consolidados

El Gasto Primario de la Nación es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, rentas de la propiedad, prestaciones de seguridad social, déficit de empresas públicas, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa e inversión financiera) menos las transferencias corrientes y de capital a las provincias y CABA (pues son ingresos de las provincias) menos los Intereses de la cuenta Rentas de Propiedad. En resumen:

Gasto Primario de Nación = Gastos Corrientes + Gastos de Capital - Transferencias Corrientes a provincias y CABA - Transferencias de Capital a provincias y CABA - Intereses

El Gasto Primario de las Provincias es la suma de los gastos corrientes (remuneraciones, bienes y servicios, prestaciones de seguridad social, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc.) más los gastos de capital (inversión real directa, transferencias e inversión financiera, transferencias automáticas y discrecionales a municipios, etc) menos las Rentas de Propiedad. Es decir:

Gasto Primario de Provincias = Gastos Corrientes + Gastos de Capital – Rentas de Propiedad

Sumando ambos tenemos:

Gasto Primario Consolidado = Gasto Primario de Nación + Gasto Primario de Provincias

Luego vienen los intereses.

Los Intereses de Nación son los Intereses totales (en moneda local y extranjera) que se encuentran en las Rentas de Propiedad. A esos intereses totales hay que restarles los intereses de la Deuda Intrasector Público.

Intereses de Nación = Intereses – Intereses de Deuda Intrasector Público

Los Intereses de Provincias son los valores publicados bajo el nombre Rentas de Propiedad de las estadísticas fiscales de las provincias.

Intereses de Provincias = Rentas de Propiedad

Por lo tanto:

Intereses Consolidados = Intereses de Nación + Intereses de Provincias








Espert, José L.; Dabós, Marcelo y Vignoli, Guido (2015), "Determinantes del tipo real de cambio en la Argentina: una aproximación empírica, 1961-2014". Documentos de Trabajo Nº 309. C.A.B.A., Argentina: Universidad de Belgrano.

martes, 26 de julio de 2016

Menem contra el siglo XIX: el mito del Estado mínimo de los 90s


Observen parte de este discurso de Carlos Menem de 1990 sobre “Reforma del Estado y Privatizaciones”, en especial los segundos 03:45-04:05:


El ex presidente es muy claro:
No caigo en la simplificación de muchos que proclaman la exterminación del Estado, su desaparición de nuestra vida comunitaria. No caigo en la torpeza de muchos que pretenden hacernos retroceder al Estado del siglo diecinueve, totalmente ausente frente a la injusticia y la opresión.
Por lo tanto, jamás estuvo en la agenda de Menem volver a un auténtico Estado mínimo, nunca. Ni en las ideas ni en los hechos de los 90s alguna vez estuvo cerca de ser liberal clásico. 

Cualquiera que diga que (1) Menem era liberal clásico, (2) aplicó medidas para un Estado mínimo o (3) era su objetivo volver a un tamaño del Estado como el del exitoso siglo XIX argentino, miente. Sin ignorar, claro, que ciertamente hubieron algunas privatizaciones y desregulaciones necesarias y exitosas. Mezclar menemismo en general con liberalismo clásico o con el siglo XIX es mostrar una ignorancia de las ideas y los hechos descomunal. Esa mezcla mentirosa solo se sostiene en la repetición absurda proveniente de ideologías vacías.

jueves, 7 de julio de 2016

¿Qué es una recesión y una depresión económica?


Argentina está en una recesión que continua hasta el día de hoy de forma tal que aún no podemos estimar con precisión cuándo terminará. En esta entrada simplemente veremos qué es una recesión y también qué es una depresión.

Desde el punto de vista convencional, en Economía no hay una definición estricta y formal, universalmente usada, para una recesión. Lo cual ya les anticipa que vamos a dar un par de vueltas en este post. Las que se conocen suelen ser, en general, definiciones arbitrarias y sujetas a constantes críticas. Pero, aún así, se ha llegado a una cierta convención entre los expertos y economistas de usar determinados conceptos.

Una de las más usadas es la del National Bureau of Economic Research (NBER), una de las mayores ONG de investigación económica de Estados Unidos y que, entre otras cosas, informa sobre si el país está o no en recesión. Tienen hasta un comité de expertos para ello, ¿Adivinen como se llama? Sí, el Comité de Fechado de Ciclo Económico (Business Cycle Dating Committee).

Ellos antes definían recesión como una caída significativa de la actividad a lo largo de la economía que puede durar desde unos meses a más de un año. Esa era la definición general. Observen que no es demasiado precisa: ¿Cuánto es “significativa”? Si es, digamos, 5 % ¿Una caída de 4,98 % no es significativa? ¿Cómo medimos la “actividad”? ¿Usamos el PBI? ¿La industria manufacturera? ¿La ocupación? ¿A lo largo de qué y cuántos sectores nos referimos cuando se dice “a lo largo de la economía”? ¿Cuántos son “unos meses”? Dada esa vaguedad, tenemos alternativamente una definición técnica.

La definición técnica de recesión económica que se utiliza usualmente es la que también solía usar el NBER: dos o más trimestres consecutivos de caída (crecimiento negativo) del PBI real desestacionalizado (Knoop, 2004: 11-12). Se desprende, lógicamente, que una expansión económica significa dos o más trimestres consecutivos de crecimiento del PBI real desestacionalizado.

Observen que son trimestres porque el PBI se mide trimestralmente. ¿Pero por qué son dos? Perché mi piace, es decir, porque sí. No hay ninguna regla ni fórmula científica que lo diga. Pero se ve bastante razonable que medio año de caída signifique algo. Y se saca la estacionalidad para evitar que las variaciones estacionales nos engañen con caídas consecutivas que no son recesiones.

Posteriormente el NBER aclaró que desde hace unos años usan otra definición general de recesión: una caída significativa de la actividad económica a lo largo de la economía, que dure más de unos pocos meses, normalmente visible en el PBI real, el ingreso real, empleo, producción industrial y venta mayorista-minorista. Es decir, ahora no tienen una regla fija como lo de los dos trimestres de caída.

Más complicado aún es el tema de las depresiones. De hecho, no hay una definición formal de depresión. Las definiciones informales que existen (The Economist; Knoop, 2004: 14), establecen que hay una depresión cuando se produce:
  • (a) una caída de 10 % o más del PBI real 
o/y
  • (b) una recesión (caída del PBI real) que dura tres años o más.
En el punto (b) no es necesario que el PBI real caiga 10 %, solo basta que la recesión dure tres años o más. Es decir, que una recesión es un periodo donde el PBI real se contrae menos de un 10 %. Y una depresión es simplemente una recesión severa o muy duradera. Sin embargo, a pesar de ser diferentes, ambas definiciones tienen la misma fecha de inicio.

Estados Unidos durante la Gran Depresión en los 30s cumple los puntos (a) y (b) con creces. Pero veamos el caso argentino.


A fines de los 80s el PBI real cayó en 1988, en 1989 y en 1990. Es decir, tres años de recesión = depresión. Pero además, el PBI real en 1987-1990 se contrajo 10,37 %. O sea, más de 10 %.

Terminando los 90s se repite la historia. El PBI real se desplomó en 1999, en 2000, en 2001 y brutalmente en 2002. Cuatro años de recesión = depresión, con el agravante de que en 2002 la caía de más de 10 % por sí sola ya equivalía a una depresión. Prácticamente una depresión dentro de la depresión. Y por si fuera poco, la economía argentina se destruyó un 18,36 % en 1998-2002.

En ambas ocasiones se cumplieron en simultáneo los dos criterios de una depresión. El desastre fiscal y monetario del Estado se paga, Argentina sufrió dos depresiones en menos de 10 años. Un triste record.



Knoop, Todd A. (2004) Recessions and Depressions: Understanding Business Cycles. Westport, Conn.: Praeger. 2010.