viernes, 2 de diciembre de 2016

El mito de que el Patrón Oro causó la Gran Depresión

 
Si en algo coinciden monetaristas, keynesianos y demás variantes de buena parte del mainstream (corriente principal) económico es en culpabilizar al Patrón Oro de la Gran Depresión de los 30s. Ya sea porque supuestamente el Patrón Oro tenía "defectos inherentes" restringiendo la política monetaria gubernamental que lo hicieron fallar y colapsar el sistema financiero (keynesianos) o debido a que, por razones políticas o sociales, no se aplicaron las "reglas de juego" del Patrón Oro al esterilizar los flujos de oro, lo que lanzó la economía al precipicio (monetaristas).
 
Como correctamente señala Salerno (2010: 580), el caso en contra del Patrón Oro, como culpable de causar la Gran Depresión, agravarla, propagarla internacionalmente y retrasar la recuperación; es de principio a fin un caso de error de identificación.
 
Lo que fracasó en los años 20s y 30s ni era el Patrón Oro Clásico y ni siquiera era un Patrón Oro verdadero. El Patrón Oro Clásico ya había sido destruido por las políticas del gobierno luego de 1914 y jamás volvió, nunca.
 
El sistema monetario que causó los problemas fue un pseudo Patrón Oro inflacionario y manipulado por los gobiernos y los bancos centrales: el Patrón de Cambio Oro.
 
Tanto el banco central manipulando el Patrón de Cambio Oro (inflando el crédito en los 20s, causando el auge artificial e intentando inflar durante la crisis) como las políticas intervencionistas del gobierno (sobre precios y salarios) fueron los causantes de la mayor catástrofe económica del siglo XX en Estados Unidos y el resto del mundo.
 
No fue el oro, fue el Estado.









Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Pseudo Patrones Oro: El Patrón de Cambio Oro (1925-1931)


Enorme es la confusión siempre que se habla del Patrón Oro. Tanto historiadores como incluso economistas profesionales suelen expresarse sobre él genéricamente, como si el Patrón Oro de fines del siglo XIX fuera el mismo que el de entre guerras. En este post vamos a ver que hay diferencias brutales entre un verdadero Patrón Oro y el sistema impuesto entre la Primera y Segunda Guerra Mundial que ha sido denominado como Patrón de Cambio Oro.  

Luego de terminada la Primera Guerra Mundial, el mundo se encontraba en medio de un caos monetario puesto que, para desenvolverse en el conflicto bélico, la mayoría de los países habían abandonado el Patrón Oro Clásico. El sistema de flotación sucia de tipos de cambio que quedó luego de la conflagración global llevó a un desastre monetario en Europa. Las devaluaciones "competitivas" y emisión sin restricción de dinero causó hiperinflaciones en Alemania, Austria, Hungría, Rusia, Polonia, etc. Durante ese caos, se decidió que era necesario retornar de alguna forma al oro para paliar el desorden.

El origen del Patrón de Cambio Oro se encuentra en las conferencias de Génova de 1922. El objetivo de estas no era otro que intentar volver al Patrón Oro. Pero el retorno no sería al Patrón Oro Clásico, pues este constreñía demasiado la capacidad de expandir el dinero, sino a una versión distinta y más manipulable por parte de los gobiernos y bancos centrales.

¿Es el Patrón de Cambio Oro similar al Patrón Oro Clásico? ¿Es el Patrón de Cambio Oro un Patrón Oro auténtico siquiera? Para saberlo, veamos si el Patrón de Cambio Oro cumple con al menos las características mínimas de un verdadero Patrón Oro:


(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo. Salvo por Gran Bretaña y Estados Unidos, en los demás países el oro no era el dinero, sino que ese lugar lo ocupaba la libra o el dólar. Y en Gran Bretaña tampoco el dinero era el oro por completo: se prohibió que circularan las monedas y el bullion solo se permitía a extranjeros. Es un sistema de tipo de cambio fijo tanto porque el bullion de países centrales (por ejemplo Gran Bretaña) se compra y vende a precio fijo y también porque los demás países tienen tipo de cambio fijo con la moneda reserva.


(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero. Al permitir convertir las divisas solo en bullion (para extranjeros), se hizo posible incrementar el circulante independientemente de la proporción a la producción de oro.


(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. Las reservas en oro de gran parte del sistema bancario están centralizadas en una agencia del gobierno (banco central) y, por ende, estas se vendían a un "precio fijo" a los bancos. La unidad monetaria ya no es un nombre sino que hay un precio.


(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par. Las libras esterlinas, las notas de banco y depósitos a la vista ya no son redimibles instantáneamente en monedas de oro por parte de los británicos, ni en bullion (a los extranjeros con libras, sí).


(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios). Las monedas de oro no son usadas en los intercambios diarios. Solo se redimía bullion para transacciones grandes y para los extranjeros.


(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. El mecanismo de flujo especie no funciona. Ya no hay proceso de reversión que detenga la expansión monetaria ni que equilibre la balanza de pagos. Inflación y desequilibrio crónicos.



Veamos más de cerca cada característica:

Sobre el punto (a) debe quedar claro que, bajo el Patrón de Cambio Oro, un país (en este caso Gran Bretaña, aunque también Estados Unidos) se queda en el Patrón Oro (su divisa libra esterlina es redimible por oro, no obstante solo bullion para extranjeros, o dólares) mientras el resto de los estados, aunque nominalmente bajo "Patrón Oro", realmente están bajo Patrón Libra Esterlina. Es decir, solo dos bancos (la Fed y el Banco de Inglaterra) cumplirían la tarea de banco central. Todos los demás bancos centrales nacionales mantendrían como reserva notas dólares americanos o notas libras esterlinas (ellas serían las "divisas clave"). Cualquier país europeo tendría como reservas para su divisa ya no oro, sino libras esterlinas (letras o depósitos pagables en libras en Londres) (Rothbard, 2002: 385). Por dar un ejemplo, cualquier español que fuera con pesetas al banco a pedir redención, recibiría libras en lugar de oro. Además, parte del acuerdo es que el resto de países europeos mantengan sus saldos en Londres y eviten usar su derecho legal a reclamar el oro (Rothbard, 2002: 386). A todos usos prácticos, el oro deja de ser el dinero.


Los demás países que usan la divisa clave como reserva, en lugar de oro en sí, tienen un tipo de cambio fijo respecto a ella. Más aún, en las naciones que sí están bajo Patrón Oro (Gran Bretaña y Estados Unidos), y gracias a la creciente monopolización de emisión de notas y centralización de reservas vía bancos centrales, el oro es comprado y vendido a un "precio fijo" en términos de divisa nacional (Salerno, 2010: 351). Por ende, existía a usos prácticos un sistema de tipo de cambio fijo.

En cuanto a (b), las notas de banco y libras esterlinas ya no son redimibles en monedas de oro, como sí lo solían ser en el Patrón Oro clásico, sino que ahora solo se cambian por barras de oro (bullion) a los extranjeros poseedores de libras. Las monedas que en el curso de las transacciones llegan al banco central no son vueltas a poner a circular, sino que son fundidas en barras. De esta forma, se quita de circulación buena parte de ellas. En la medida que se funden monedas en barras es posible para los bancos centrales sustituir el oro circulante por notas y depósitos en divisa en montos varias veces mayores a la cantidad de piezas de metal que previamente se movían en el comercio. En resumen, se incrementa la cantidad de objetos monetarios fuera de cualquier proporción a la producción actual de oro, así como muchas más cuentas por las ahora mayores reservas auríferas en el central, muy por encima de la producción de las minas.

Los bancos centrales adquirían un cada vez mayor porcentaje de la producción de oro de la minería desde 1914. Ya para 1931, retenían prácticamente todo. El oro de las minas iba directamente al banco central. Es precisamente en base a esas reservas en el banco central que el crédito era creado.

En síntesis, el banco central no solo tomó el oro directo de las minas, sino que además se apropió como reservas de gran parte del metal precioso que antes circulaba como monedas. Por ende, el banco central y el gobierno tienen ahora el control sobre la oferta monetaria y ya no el mercado (Phillips et al., 1937: 45-46, 49; Rothbard, 2002: 383).

Vamos al punto (c). Como ya se mencionó, la monopolización de la emisión de notas y la centralización de las reservas de oro llevadas a cabo por parte de bancos centrales controlados por el gobierno, dieron origen a la ficción de que esas notas y los depósitos de los bancos privados denominados en ellas ya no eran meras reclamaciones a dinero mercancía, sino dinero en sí. En ese momento, las notas y el oro se perciben como dos bienes distintos y, por ende, el banco central "compra" y "vende" el metal precioso a un "precio fijo" en términos de la divisa nacional. El oro es una "reserva" que "respalda" la oferta de dinero notas (Salerno, 2010: 351). 

En cambio, bajo un Patrón Oro auténtico, las divisas nacionales no existen como entidades independientes y distintas del oro (Salerno, 2010: 350). Con el Patrón Oro Clásico el dinero es el oro y la unidad monetaria es simplemente un (nombre para un) cierto peso del metal; mientras que, por otro lado, bajo Patrón de Cambio Oro el dinero es la divisa.

En (d) una de las características esenciales del Patrón de Cambio Oro es que tanto las notas del Banco de Inglaterra (libras esterlinas) así como los depósitos a la vista ya no serían redimibles en monedas de oro para los británicos. Solo se permitiría redimir las libras en bullion. Es decir, en barras de oro (de más de 400 onzas) que, al tener un valor mucho mayor que las monedas, se usaban para transacciones grandes. Pero ni siquiera eso era completo. Los residentes de Gran Bretaña tampoco podían adquirir oro bullion libremente, sino que solo se redimía a extranjeros tenedores de libras. Lejos de ser un verdadero Patrón Oro, era un "Patrón Oro Bullion Internacional" (Rothbard, 2002: 381-84). 

Cuando a un banco central se le da el monopolio legal o de facto para centralizar las reservas de oro del público, sus notas y depósitos ya no son tratados como títulos de propiedad inmediatamente redimibles al dinero verdadero guardado en sus baúles (oro). Como ya se dijo, ahora el oro entra en la categoría de "activos" del banco central que sirven como "reservas" para emitir notas y depósitos. Estas, a medida que pasa el tiempo, pasan a ser generalmente aceptadas como dinero en sí en lugar de ser lo que son en realidad: reclamaciones de dinero (Salerno, 2010: 504).

La característica (e) es muy importante. Como consecuencia de que las monedas de oro ya no circulaban en transacciones diarias de la gente en el mercado británico, uno de los mecanismos esenciales del verdadero Patrón Oro que restringía las expansiones desmesuradas de crédito quedó trunco. Aunque esto, per se, es más que suficiente para demostrar que el Patrón de Cambio Oro jamás fue ni podría haber sido nunca un verdadero Patrón Oro, vale la pena aclarar que ni siquiera los británicos podían al menos pedir bullion por sus libras. Solo los tenedores de libras extranjeros estaban habilitados.

La ausencia de monedas en circulación crea un obstáculo muy grande para el ciudadano ordinario tanto para pedir la redención de las notas o depósitos en oro, así como para el atesoramiento del metal.

Técnicamente en Estados Unidos todavía se podía redimir en monedas de oro. Sin embargo, los bancos ya no tenían reservas en monedas sino en notas de la Fed. Las reservas de oro fueron centralizadas en el banco central (la Reserva Federal) por ley en junio de 1917 y a los bancos se los incentivó a entregar notas de la Fed para redimir en efectivo los cheques y depósitos. Por lo tanto, muy poco oro circulaba para transacciones diarias en los años 20s incluso en Estados Unidos (Salerno, 2010: 573-74). Claramente, una intervención coactiva del Estado que terminó con una de las características centrales del Patrón Oro auténtico.

Finalmente, (f) es fundamental. El eliminar la circulación de monedas y bullion a los británicos no fue el mayor obstáculo para el funcionamiento del mecanismo flujo precio especie.


Antes, bajo Patrón Oro clásico, si Gran Bretaña inflaba la cantidad de libras provocaba un déficit de balanza de pagos que hacía que la divisa escapara fuera del país y cayera en manos de países extranjeros que pedían oro a cambio. El oro salía del banco central disminuyendo sus reservas, lo que provocaba una reversión y el abandono de su inicial política inflacionaria e incluso contraer el crédito. Con Patrón Cambio Oro la cosa era muy diferente. La expansión de libras, nuevamente, provoca un déficit de balanza de pagos y que estas se acumulen en manos extranjeras. Hasta allí, todo igual. Pero ahora viene el cambio radical: las demás naciones han sido "inducidas" (presionadas) a usar libras como reservas en lugar de utilizar el oro en sí. Las libras ya no vuelven desde el exterior a Gran Bretaña para reclamar el oro (deteniendo el intento inflacionario británico). Esas divisas ahora son guardadas y usadas por los países como reservas para expandir sobre ellas su propia moneda. Por ende, ya no hay reversión. Gran Bretaña aumenta su oferta monetaria y, sobre esa expansión, los demás países inflan la de ellos. Los británicos "exportan" su inflación al resto del mundo. Gran Bretaña podía continuar la expansión monetaria, su déficit acumularse y las demás naciones expandir sin mecanismo de reversión del mercado que los detuviera (Rothbard, 2002: 385).

Pero el vértice de la pirámide expansionista monetaria no tenía que ser solo la libra, pues también era redimible en dólares. Los americanos, asimismo todavía en el Patrón Oro, también podían participar de "catapulta inflacionaria". La Fed piramidaba su oferta monetaria de dólares sobre las reservas de oro, muchos de esos dólares creados iban hasta Gran Bretaña. El Banco de Inglaterra usaba esos dólares en reserva para piramidar un ulterior aumento de libras. Muchas de esas libras viajaban hasta países europeos, los cuales las usaban como reservas para piramidar sus respectivas ofertas monetarias. El dólar y la libra eran las "divisas clave", iniciadoras del proceso expansivo.

¿Podía continuar ello indefinidamente? Claro que no. A medida que se acumularan los desequilibrios en los demás países, la mínima pérdida de confianza llevaría al colapso. En 1931 llegó ese día: Francia venía reclamando oro a cambio de las numerosas libras que tenía desde 1927 y además la bancarrota de varios bancos en Europa llevó a los británicos a abandonar el Patrón de cambio oro completamente.

En conclusión, el Patrón de Cambio Oro no es ni jamás fue un Patrón Oro auténtico. No tenía ninguna de las características esenciales de un auténtico Patrón Oro. Por otro lado, el Patrón Oro Clásico sí las cumplía. Nunca hay que confundir ambos. Ni el Patrón de Cambio Oro era igual al Patrón Oro Clásico, y ni siquiera llegaba a ser un verdadero Patrón Oro. Solo fue un pseudo Patrón Oro.







Phillips, Chester A.; McManus, Thomas F. y Nelson, Richard W. (1937) Banking and the Business Cycle: A Study of the Great Depression in the United States. New York: The MacMillan Company.

Rothbard, Murray N. [Salerno, Joseph T. Ed.] (2002) A History of Money and Banking in the United States: The Colonial Era to World War II. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

martes, 22 de noviembre de 2016

Las características esenciales del Patrón Oro


En un post previo ya vimos la definición, por lo tanto, a continuación se explican las características esenciales de un Patrón Oro auténtico. Por supuesto, lo aplicable en este caso específico del oro también vale para cualquier metal precioso que se elija como patrón, por ejemplo, la plata. También es aplicable a cualquier otro bien que el mercado elija como dinero. Los metales preciosos se usan, en general, como referencia porque evolutivamente han sido los favorecidos en última instancia como el mejor dinero posible.

Veamos entonces las características necesarias y no necesarias de un Patrón Oro auténtico:

NECESARIO

(a) El oro es el dinero. Por ende, no existen monedas distintas ni tipo de cambio fijo.

(b) Su cantidad está determinada por las fuerzas del mercado: la demanda y también la oferta. No existe peligro de que una nación no tenga suficiente dinero

(c) La unidad monetaria es (de hecho y legalmente) definida en términos de peso de oro de una determinada fineza. 

(d) Las notas de banco y depósitos a la vista son redimibles instantáneamente por oro a valor par.

(e) Las monedas de oro, así como el bullion, circulan con total libertad junto con las notas de banco y depósitos (es decir, sustitutos monetarios).

(f) Se permite funcionar correctamente lo que se conoce como mecanismo Flujo Precio-Especie. 

NO NECESARIO 

(i) Banco central (centralizador de reservas de oro y/o monopolista de emisión de notas) 

(ii) Reserva fraccionaria 

(iii) Cierto grado de regulación estatal bancaria

(iv) Uso de nombres en distintos países (dolar, libras, etc.) para la unidad monetaria oro en lugar de unidades de peso estándar (gramos, onzas, etc.) 

Las características “Necesarias” son absolutamente indispensables. Para la existencia de un Patrón Oro auténtico deben estar presentes todas. Con que falte una de ellas, ya estamos ante un pseudo Patrón Oro.

Por otro lado, las “No necesarias” no son indispensables. Su presencia no necesariamente altera la naturaleza del Patrón Oro. Pero cierto es que el mismo funcionaría mucho mejor sin ellas. Por ejemplo, el Patrón Oro verdadero puede desempeñarse con un banco central, pero se desenvolvería más perfectamente en su ausencia.

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Qué es el Patrón Oro?


Asombrosamente llevo muchos posts sobre el Patrón Oro pero todavía no he dado una definición precisa y específica de qué es.

En la mayoría de los casos cuando se busca la definición de Patrón Oro uno se encuentra que esta se basa fundamentalmente en que se fija el valor de la divisa a una determinada cantidad de oro. Sin embargo, además de inducir a pensar (erróneamente) que el Patrón Oro es un sistema de tipo de cambio fijo, esa descripción no llega a la esencia última del mismo. 

Pero vamos directamente a la definición en sentido más amplio: el Patrón Oro es un sistema monetario (internacional o nacional) en el cual el medio general de intercambio es dinero mercancía ofrecido por el mercado

Noten que en esta definición lo esencial es que es “ofrecido por el mercado”. Esa es la característica fundamental y distintiva del Patrón Oro auténtico. El gobierno está total y permanentemente excluido de manipular la oferta monetaria. En cualquier sistema monetario, el dinero o está determinado en su cantidad, composición y valor por el mercado (la gente) o no lo está (Salerno, 2010: 355). No hay terceras vías: o el control lo tienen los agentes privados o lo tiene un órgano centralizado del gobierno.

El término “oro” no debe necesariamente entenderse en el sentido literal de tener que ser sí o sí ese determinado metal precioso, sino que ha de interpretarse en su significado amplio aplicado a cualquier mercancía elegida por el mercado libre como medio de intercambio generalmente aceptado (dinero). Nadie partidario del dinero sano desea el oro per se, sino que se lo favorece porque históricamente ha surgido naturalmente de las interacciones de la gente en el mercado. Un nombre correcto para el sistema monetario nacional e internacional ideal sería “Patrón mercancía de mercado”, pero “Patrón Oro” es más reconocible para el público general.

Bajo Patrón Oro, la oferta total de dinero mercancía depende completamente de (1) la demanda por sus usos monetarios y no monetarios y de (2) los costos monetarios de su producción. Cambios en cualquiera de esos factores traerá aparejado modificaciones en la oferta de dinero. Por consiguiente, tanto el poder adquisitivo como la cantidad de dinero están absolutamente gobernadas por las condiciones del mercado que afectan la demanda y oferta de oro (Salerno, 2010: 342, 358).

Puede ocurrir, como era el caso del Patrón Oro clásico, que el mercado esencialmente determine la cantidad de dinero entre diferentes países y que el gobierno solo intervenga haciendo el sistema más inestable de lo que sería sin la intervención. Pero el control definitivo seguía en manos privadas y determinado por oferta y demanda como cualquier otro bien. Al oro había que descubrirlo, minarlo, acuñarlo, etc. y ello lo hacían privados. La oferta de oro estaba determinada por el mercado: por la demanda de oro en relación a la demanda y oferta de los otros bienes y factores, por los costos y productividad relativos en el sector minero y en la producción de las demás mercancías. En definitiva, la oferta monetaria mundial estaba determinada por las fuerzas del mercado libre y no por el gobierno. El gobierno interfería, por ejemplo, debilitando el link entre el nombre de la moneda y su peso de oro, pero todo el sistema seguía en manos privadas (Rothbard, 2011: 746).












Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (2011) Economic Controversies. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

viernes, 28 de octubre de 2016

La conquista de América como ejemplo contra el Patrón Oro


Cuando se menciona que el Patrón Oro contiene un freno natural o espontaneo a la expansión excesiva de la oferta monetaria, a saber, la dificultad de minar y producir el oro pues es una actividad costosa en términos de recursos; se suele argumentar en contra que siempre se pueden encontrar minas desconocidas con abundante metal precioso. El razonamiento se puede resumir así: ustedes Austriacos dicen que usar el oro como dinero tiene un freno natural a la expansión desmedida de oferta monetaria, pero ¿Qué pasa si se encuentran minas desconocidas con oro abundante y fácilmente accesibles? Y el ejemplo paradigmático es que algo así ocurrió durante la conquista de América. Si estamos bajo Patrón Oro y mañana sucede algo similar, tendríamos una depreciación monetaria tan grande como las que ocurren con el dinero fiat.

El problema de las minas con oro abundante y fácilmente accesible que aparecen de vez en cuando junto con el caso histórico de la conquista de América salen muchas veces como excusa para justificar fluctuaciones importantes en el poder adquisitivo del metal precioso. De esa forma se desestima al Patrón Oro en un intento de valorizar, al menos un poco, al inestable sistema fiat. Sin embargo, veremos que ni siquiera en el peor de los casos de ese episodio histórico el aumento de metales preciosos principales usados como dinero entonces (oro y plata)* logró estar siquiera cerca del crecimiento del dinero fiat actual en Europa. 

En el año 1500 el stock europeo de metálico era (estimativamente) de alrededor de 3.500 toneladas de oro y 37.500 toneladas de plata (Hülsmann, 2008: 74; Brown, 2012: 17). Entre los años 1503 y 1660 el metal precioso proveniente desde el Imperio Español en América solo hacia España fue de 16.886 toneladas métricas de plata pura más 181 toneladas métricas de oro puro (Hülsmann, 2008: 74; Hamilton, 1929; 1970). Las cifras son subestimadas pues no tienen en cuenta el contrabando. Aunque imposible de saber, estaría entre el 10 % y 50 % de lo registrado, muy probablemente más cerca del 10 % dado que contrabandear era costoso y severamente castigado (Hamilton, 1929).

El total de metal precioso (toneladas de oro más toneladas de plata) ingresado por el puerto español (17.067 toneladas) aumentó un 42 % el stock total de metálico en Europa entre 1500 y 1660 (pasó de 41.000 toneladas a 58.067). Aunque Hamilton (1929) admitía que otras estimaciones previas eran hasta diez veces las de él (es decir, aproximadamente 1.810 toneladas de oro y 168.860 de plata), con lo que el stock de metal precioso podría haber aumentado un 420 % entre 1500 y 1650. Hülsmann (2008: 74-75) también menciona que las estimaciones de incremento del stock de metal en Europa en 1500-1650 varían entre 50 % y 500 %. Es decir, una tasa de crecimiento anual (compuesta) de la oferta de metal precioso de 0,3 % y 1,20 % respectivamente. 

Incluso asumiendo el escenario más extremo de incremento de la oferta monetaria metálica europea, el 500 % en 150 años equivalente a un aumento de 1,20 % promedio por año, ello está muy por debajo del actual sistema fiat. Según datos del FMI recopilados por la Fed, en la zona euro durante los 45 años que van entre 1970 y 2015 la oferta monetaria amplia M1 creció un total de 3.609 %, es decir una tasa de 8,4 % promedio anual. Mientras que el M2 aumentó un 794 %, que equivale a una tasa de 6,5 % cada año promedio, en los 35 años de 1980-2015. Es decir, tasas anuales entre cinco y siete veces mayores en menos de un tercio del tiempo.

Por otro lado, cuando tomamos en cuenta la tasa de 0,3 % anual de crecimiento monetario metálico durante 150 años para comparar, las diferencias se vuelven casi ridículas: bajo régimen fiat la M1 y M2 del área euro crecieron respectivamente a una tasa 28 y 22 veces superior en tan solo 45 y 35 años. Ni hablar de que si aceptamos las mejores cifras de crecimiento monetario para la época antigua (un 50 % o menos a lo largo de 150 años), los valores entre casi 800 % y 4.000 % de aumento del dinero fiat en solo una tercera parte del tiempo lucen astronómicos. Es verdad que, para la gente del siglo XVI y XVII, un 50 % (¡Ni hablemos de un 500 %!) de expansión monetaria fue algo fuera de lo normal; pero es poquísimo en términos relativos al dinero fiat moderno.

Casi no hay punto de comparación. El inédito descubrimiento de oro y plata en el Nuevo Mundo y el aumento de oferta de dinero metálico de entonces, incluso en el peor de los casos, se queda muy lejos del incremento del stock monetario realizado bajo el sistema de dinero fiat.

Por lo tanto, ¿Es comparable la expansión monetaria inédita entre 1500 y 1650 con las que ocurren bajo el sistema fiat alternativo actual? La respuesta es claramente negativa. Incluso en uno de los episodios de mayor aumento de metal precioso de la historia humana, a saber, el descubrimiento de América, tanto el monto absoluto como la tasa a la que creció la oferta monetaria ni siquiera se acercaron a la expansión de dinero que vivimos bajo dinero fiat. La oferta monetaria de metálico estuvo todavía muy lejos de fluctuar con la violencia y amplitud en que lo hace el sistema monetario fiat de hoy. 

En conclusión, usar la conquista de América como símil de que ante descubrimientos de ciertos yacimientos la oferta de oro y plata puede variar como lo hace la del dinero fiat es, como mínimo, exagerado. Es cierto que no puede existir un dinero cuyo valor de cambio sea constante y es cierto que aun bajo el dinero mercancía (elegido por el mercado) se modifica permanentemente su oferta, demanda y poder adquisitivo, como cambian las de cualquier otro bien en el mercado. Pero ni siquiera usando el no muy confiable escenario más extremo de aumento de metálico por parte de los conquistadores en Europa en los siglos XVI y XVII puede ese episodio ser equiparado con el incremento de oferta monetaria que ha ocurrido históricamente bajo el sistema fiat.




* Estoy teniendo en cuenta un "Patrón Oro estricto" para esa época, es decir, solo tomo como oferta monetaria los metales preciosos. Hoy en día la oferta monetaria incluye el efectivo papel más los depósitos a la vista, entre otras cosas.







Brown, Kendall W. (2012) A History of Mining in Latin America: From the Colonial Era to the Present. Albuquerque, New Mexico: University of New Mexico Press.

Hamilton, Earl J. (1929) “Imports of American Gold and Silver Into Spain, 1503-1660”. The Quarterly Journal of Economics. Vol. 43, No. 3, pp. 436-472

Hamilton, Earl J. (1970) American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650. New York: Octagon Books.

Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money Production. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

jueves, 20 de octubre de 2016

El extraño prejuicio de Rallo sobre la “vertiente rothbardiana”


En otro de los posteos que ya se están haciendo regulares en este blog, estamos ante una entrada criticando las interpretaciones de miembros de la llamada "Teoría de la Liquidez". En una conferencia sobre el Patrón Oro, Juan Ramón Rallo realiza el siguiente comentario al pasar sobre la "vertiente rothbardiana":

Rallo, 28 de mayo de 2015: minuto 13:10-13:44:

Hay muchos, ya en la vertiente más rothbardiana, que dicen que producir oro es como generar inflación porque el minero de oro lo que está haciendo es diluir el poder adquisitivo del resto de unidades monetarias de la economía […] Y por lo mismo también producir iPads es depreciar, es robarle el valor a los que producen otro tipo de tablets menos competitivas, etc. porque pierden valor de mercado.

Jeffrey Herbener es uno de los más importantes partidarios académicos de la reserva de 100% y, por ende, de la “vertiente rothbardiana” en temas monetarios dentro de la Escuela Austriaca. Ha participado en el gran debate intra-Escuela Austriaca que comenzó a mitad de los 80s y que continua incluso hoy sobre 100 % VS reserva fraccionaria. En una ponencia de hace unos meses, Herbener, sin quererlo, casi contesta con exactitud el comentario de Rallo. 

Herbener, 26 de julio de 2016: minuto 38:46-39:20 (traducción mía):

Ahora podemos definir “inflación monetaria” analíticamente de una forma precisa. Inflación monetaria no significa “cada vez que la oferta monetaria crece”. Inflación monetaria es un incremento del stock de dinero fuera de los confines del cálculo económico. No hay inflación monetaria en un sistema de dinero mercancía. Solo existe la producción regular de dinero en respuesta a cambios en la demanda. Eso no es inflación. De la misma forma en que no llamamos inflación al incremento de la producción de Smartphones cuando la demanda de los mismos aumenta. Es solo el mercado normal.

Ahí lo tienen, precisamente lo opuesto de lo que Rallo les atribuye e incluso con la increíble coincidencia de usar el mismo ejemplo (con smartphones en lugar de iPads).

No voy a negar que alguien por ahí en Internet pudo haber dicho lo que dice Rallo que afirman. Sin embargo, debe quedar muy claro que al menos en su versión académica y de parte de sus más importantes miembros, la “vertiente rothbardiana” (defensora del 100 % de reserva, dinero mercancía y libertad bancaria) no afirma que “producir oro es como generar inflación”. Porque ni siquiera el propio Rothbard (1962: 990) en su obra magna lo dijo (traducción mía): 

[E]l proceso de emitir dinero más allá de cualquier aumento en el stock de especie (metal precioso -GS), puede ser llamado inflación*... 
*Inflación, en este trabajo, está explícitamente definida para excluir incrementos en el stock de especie (metal precioso -GS)

Guido Hülsmann es otro miembro de la vertiente y tampoco lo afirma, como puede verse a continuación (Hülsmann, 2008: 86) (traducción mía):

En este sentido, a la inflación también se la puede llamar una manera forzosa de incremento de oferta monetaria, distinto de la “natural” producción de dinero a través de la minería y acuñación…

Es claro que Hülsmann ha distinguido perfectamente inflación de la producción de oro. Por tanto, tampoco él está diciendo que “producir oro es como generar inflación”, sino exactamente lo contrario: NO son lo mismo.


Por último, Joseph Salerno es claramente otro perteneciente a la vertiente rothbardiana y explica perfectamente la diferencia entre aumentar la oferta de dinero fiat (inflación) a que se incremente la de dinero mercancía como el oro. Según Salerno (2010: 343) en el primer caso la sociedad pierde y en el segundo gana en términos netos. Por ende, no son lo mismo (traducción mía):

Un incremento de la oferta de dinero mercancía bajo patrón oro otorga beneficios netos para la sociedad asumiendo que todavía hay demanda no monetaria para el oro. Pero el dinero fiat del gobierno, por definición, no tiene usos alternativos no monetarios. Un incremento de la oferta de la moneda fiat, como en el caso de la falsificación, beneficia principalmente a aquellos que crean el nuevo dinero, así como también a los receptores iniciales de su generosidad o de sus gastos, a expensas del resto de la sociedad...







Hülsmann, Jörg G. (2008) The Ethics of Money Production. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Rothbard, Murray N. (1962) Man, Economy, and State, with Power and Market. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. Año 2004. 


Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

sábado, 15 de octubre de 2016

An alternative date for the recession of 1920-1921


Ok, it's been awhile since I wrote a post in English so let’s start. In order to downplay the possibility of self-recovery from the recession of 1920-1921, some people from Keynesian and monetarist camp have claimed that, despite the fact that fiscal policy played a contractionary role, expansive monetary policy by the Fed had a significant if not fundamental role for the beginning of the recovery.

The main shortcoming I find with this story is that it only uses the dates of National Bureau of Economic Research (NBER) for the beginning and end of the contraction of early 20s. Why is that a “shortcoming”? Because NBER recession dates have been severely questioned several years ago mainly by, among others, Christina Romer (Romer, 1994). As Romer (1999) explains: “[T]he NBER’s dating procedures have not been entirely consistent over time.” The post-World War II recession dates are derived from aggregate indicators in levels while, on other hand, the prewar and interwar dates are derived from detrended (long-term trend removed) series. When you detrend data series which are generally upward sloping, like real GDP, the result is a serie which tends to peak earlier and trough later compared to the series in levels. The consequences of this inconsistent procedure are not trivial for Romer (1999): “As a result, the earlier procedure of using detrended data is likely to make pre-World War II expansions look shorter and pre-World War II recessions look longer than they would if postwar procedures had been used.” So, as we can see, the pre-World War II NBER recession dates are not as reliable as you can expect. It is true that NBER recession dates are, by far, the most widely used, but that fact does not increase their accuracy at all. Once we use the much better and modern Romer’s dates, we find some interesting things about the “Depression of 1920-1921”. As we will see, this alternative and better dating casts serious doubts about the alleged “monetary policy exit” from recession.

According to NBER the peak was reached in January 1920 and the trough in July 1921. On other hand, while the peak was also January 1920, for Romer (1999) the trough was reached in March 1921. Now we can put this new recession date and monetary policy data together and check whether or not the slump was over because of the actions of the FED.

Let’s start with Fed’s discount rate data. In the next graph, the monthly discount rate of four Federal Reserve banks are plotted for the period 1919-1922. The recession interval is taken from Romer (1994; 1999) in the usual manner as starting the immediate period following the peak. The leading bank in those days was Federal Reserve bank of New York under the leadership of Benjamin “the greatest central banker ever” Strong, so its discount rate is an important index of the ease or tightness of monetary policy. You can also see the discount rate from Federal Reserve banks of Minneapolis, San Francisco and Dallas. 

Monthly discount rates of Federal Reserve banks
and recession, 1919-1922 (Y axis do not start at zero).
Source: FRED and Romer (1994; 1999)

As we can see, if we use the modern recession dates of Romer, the U.S. was already out of the slump even when Federal Reserve discount rate was at its historical maximum of 7 %. Even when every single discount rate was still at its highest, the economy was able to manage an escape from the recession.

But monetary policy is not only about interest rates, it is also important to investigate what happened to money supply

Year over year growth of monetary base, M1, M2 and M3 and recession, 1919-1922.
Source: FRED, Friedman and Schwartz (1970: 16-21) and Romer (1994; 1999)

The year over year rate of growth of the monthly (seasonly adjusted) data of the monetary base and of the broad money supply M1, M2 and M3 (Friedman and Schwartz, 1970: 16-21, columns 8, 9 and 11 respectively) clearly shows that the recession ended long before the peak of the monetary contraction was reached.

Monthly monetary base, M1, M2 and M3
with January 1919 = 100 and recession, 1919-1922.
Source: FRED, Friedman and Schwartz (1970: 16-21) and Romer (1994; 1999)

Even if we plot every measure of the monthly money supply, we clearly see that the recession ended several months before the contraction of the stock of money was over. The recession lasted until March of 1921 but the broad money supply (M1, M2 and M3) contracted until September. After that the level of broad money supply stagnated and it did not start to grow in a considerable way until April 1922. Meanwhile the monetary base contracted until February 1922. In other words, according to these data, the end of the recession was not preceded, much less helped, by a monetary easing. On the contrary, the slump ended despite the fact that the money supply was decreasing continuously.

Thus, according Romer’s dates, it is highly doubtful that the termination of the 1920-21 recession was helped by the FED’s expansionary actions. Mainly because the recession was already over when, according to discount rate and money supply data, the Federal Reserve was still being contractionary.





Friedman, Milton and Schwartz, Anna J. (1970) Monetary Statistics of the United States: Estimates, Sources, Methods. National Bureau of Economic Research. New York: Columbia University Press.

Romer, Christina D. (1994) “Remeasuring Business Cycles.” The Journal of Economic History. Vol. 54, No. 3, pp. 573-609.

Romer, Christina D. (1999) “Changes in Business Cycles: Evidence and Explanations.” The Journal of Economic Perspectives. Vol. 13, No. 2, pp. 23-44.