martes, 29 de diciembre de 2015

El absurdo de la devaluación


Este es un análisis de los efectos de la devaluación empleada deliberadamente vía una política monetaria expansiva, es decir, aumentando la oferta de dinero, para causar inflación, impulsar o mantener un tipo de cambio real artificialmente alto y así “reactivar” la economía. 

La explicación para estar a favor de la devaluación inflacionaria aparenta ser convincente. La mayoría de los economistas de la corriente principal y muchos “heterodoxos” comparten la idea de que una economía anda bien (tiene cierto porcentaje o nivel de desempleo, inflación, crecimiento, etc. que se considera "bueno") cuando posee un “correcto” nivel de gasto total (lo que se conoce como “demanda agregada”). Si, por cualquier razón, los habitantes de un país se han vuelto muy poco gastadores y ello provoca desempleo, capacidad ociosa, deflación, recesión, etc., podemos incentivar que los extranjeros gasten lo suficiente para compensar. Al devaluar (si hay tipo de cambio fijo, establecido por el gobierno) o depreciar (si hay tipo de cambio flexible, intervenido por el Estado) realmente la moneda (aumentar el tipo de cambio o precio de la divisa nacional respecto a una divisa extranjera en mayor proporción que los precios internos) se da un impulso al sector transable internacional (exportador, turístico, etc.) mientras al mismo tiempo se desalientan las importaciones. Todo parece cerrar para aumentar el gasto total: los extranjeros gastan más en la economía y los nacionales filtran menos gasto hacia el exterior para volcarlo internamente al buscar sustitutos internos a lo que antes compraban afuera. Los desempleados encuentran trabajo en el sector exportador, en el nacional que sustituya importaciones y en el turístico gracias a su ahora menor salario real. De paso, también reducimos el peso de las deudas con la inflación beneficiando a los deudores a expensas de los acreedores. Sin embargo, el objetivo último y definitivo de la devaluación vía incrementar la cantidad de dinero, es causar inflación y un auge inflacionario. No es de extrañar que todo ello provoque un crecimiento del país, a veces, fuera de lo normal.

Nadie niega que, bajo ciertas condiciones, una devaluación permite absorber (a corto plazo, insostenible y transitoriamente) buena parte del desempleo producto del ciclo económico. Ello se logra vía la reducción del nivel de salarios reales y en moneda extranjera. Sin embargo, cuando se va más allá del error de ver solo esos efectos de corto plazo un unos pocos sectores, se descubre que esta política tiene tantos defectos que sus supuestos “beneficios” ni resuelven el problema ni valen la pena. 
  • 1) Primero, la devaluación o depreciación (real) del tipo de cambio únicamente funciona cuando las demás naciones o nación con los que comercia el país devaluante no deprecian sus monedas en igual o mayor proporción. En el primer caso el país que devalúa no gana nada de competitividad y en el segundo pierde incluso la que ya tenía. Técnicamente hablando, es tan sencillo para el otro país devaluar como lo es para el que primero lo hizo. Por lo que, ceteris paribus, si al expandir su oferta monetaria el país A devalúa 20 % su moneda con respecto a la del país B, su par comercial B puede también aumentar su stock de dinero y depreciar en igual proporción con respecto a la moneda de A. El resultado final es que ningún país obtuvo ventaja “competitiva” alguna y ambos terminaron con más inflación (con todos los efectos distorsivos que implica). Si este proceso se repite y A devalúa nuevamente mientras B compensa depreciando, el resultado último de esta carrera devaluatoria o guerra de divisas es la super o hiper inflación y el fin de sus monedas. En definitiva, la conclusión lógica de la devaluación “competitiva” es la destrucción del sistema monetario que manipula el Estado. No estoy diciendo que “cualquier devaluación = hiperinflación inmediata”. Sino que la táctica de la devaluación, llevada a sus últimas consecuencias lógicas, termina inevitablemente destruyendo el dinero que el Estado maneja (Mises, 1949: 785). Pero el hecho de que la moneda manipulada colapse no implica que el sistema monetario desaparezca de la economía. El comercio se emancipa de la moneda estatal y puede continuar usando un dinero mejor, como otra moneda extranjera o dinero metálico (Mises, 1912: 229-30). Una idea cuya lógica final conduce a un desastre no deseado por los propios ejecutores, de entrada, debería parecernos una mala idea. Y, de hecho, lo es.
  • 2) Aun suponiendo que 1) no se cumpla, hay otros defectos. El siguiente punto desfavorable ha sido muy bien señalado por Rallo. El comercio internacional es mutuamente beneficioso cuando está basado en ventajas comparativas: un país que es relativamente mejor para producir un bien o servicio valioso respecto a otra nación, se dedica a ofertarlo. Su mayor productividad le permite suplantar al país que anteriormente producía esos bienes en condiciones que ahora se revela no eran tan eficientes. Este último deberá dedicarse entonces a otras actividades (relacionadas o no con lo que hacía) que también generen algún valor y en las cuales sea relativamente mejor. La producción y riqueza global aumenta, hay más bienes que antes. ¡Hasta Krugman admite esto! (Krugman et al., 2007: 332) La devaluación inflacionaria, por otro lado, no aumenta la productividad. Depreciar la moneda no incrementa el valor por unidad de insumo generado por las empresas. Pero la competitividad internacional del país con moneda ahora más débil sí puede aumentar (basada en un artificio y en nada productivo real) a costa de la de otro país. La mejora competitiva no se debe a ser más productivo. La producción y riqueza total, esta vez, no ha aumentado. El país que padece el problema de pérdida de ventaja comparativa no lo soluciona, sino que le traslada su crisis a la nación que no la tenía. Ahora el país que producía más eficientemente tiene una crisis porque no puede competir con otro país que no aumentó su productividad en absoluto sino que simplemente hundió el valor de su moneda. Por lo tanto, la devaluación inflacionaria no resuelve el problema de competitividad, simplemente lo traslada. Pero, además, el patrón de especialización de cada país dentro de la división internacional del trabajo queda manipulado por los políticos y el banco central en lugar de los consumidores de cada nación. Con las evidentes ineficiencias y perjuicio para estos últimos que ello necesariamente acarrea.
  • 3) Incluso haciendo de cuenta que 1) y 2) no existen, aparece el más grave problema. La Teoría Económica sana, la que analiza los efectos de cualquier medida a corto y largo plazo en un sector y en los demás, demuestra que los resultados de la devaluación sobre el sector comercial del país son, como mucho, transitorios. El shock devaluatorio, de una vez y mientras los demás precios de la economía permanezcan igual o no suban tanto como el precio de la divisa (tipo de cambio), ciertamente tiene efectos positivos en la balanza comercial al encarecer las importaciones y abaratar las exportaciones y el turismo en el país, entre otros objetivos. Pero esos frutos son solo transitorios y se deben simplemente al hecho de que los precios y salarios del país que devalúa tardan cierto tiempo en subir. Los precios y salarios se retrasan por un tiempo respecto a la suba del precio de la divisa. Durante ese intervalo de tiempo en que la estructura de precios domésticos se adapta a la nueva situación creada por la devaluación, algunos proyectos del sector transable externo (exportación, turismo, etc.), inviables antes de la devaluación, aparentan ahora ser rentables (Mises, 1912: 214-15, 224; 1946; 1949: 785-87; Hayek, 1937: 370-74; Howden, 2012; Salerno, 2014). 
Ese es todo el secreto de los efectos “expansivos” de la devaluación en el sector transable: el simple hecho de que todos los precios no aumentan al mismo tiempo ni en la misma proporción ante cambios monetarios (Mises, 1949: 785; Howden, 2012). Si el dinero y crédito emitido por el banco central es inyectado primero vía el mercado de divisas, y si el mercado no anticipó esto o no lo hizo completamente (lo cual, per se, es otro problema adicional), el precio de las mismas subirá primero y en mayor proporción. De hecho, como el mercado de divisas suele estar bastante organizado y acostumbrado a anticipar movimientos, puede ocurrir que al momento en que el banco central anuncia una política monetaria más laxa, inversores compran rápidamente moneda extranjera pagando con moneda local aumentando el tipo de cambio. Mientras tanto, los precios y salarios internos de los demás bienes y servicios no han cambiado todavía pues son determinados por diversas demandas de individuos dispersos con poco conocimiento en materia monetaria (Howden, 2012). Los exportadores ven una oportunidad de beneficios ante la devaluación (real) y aumentan sus actividades usando el crédito adicional que los bancos les dan a relativa menor tasa o facilidades crediticias propiciadas por la ya mencionada política expansiva del central que inicia todo. Los exportadores pueden obtener recursos y ampliar sus actividades gracias al nuevo dinero y crédito. Es decir, sus costos no han subido todavía mientras ellos tienen ahora más dinero en mano. Entretanto los precios y salarios internos no aumenten o no lo hagan en la misma proporción, el exportador tiene amplias ganancias cuando vende (por cualquier cantidad de divisas que obtenga exportando, puede ahora adquirir mayor cantidad de unidades de moneda local). Para el exportador el precio de lo que vende, medido en dinero del país que devaluó, aumenta mientras sus costos, también contados en moneda nacional, no lo hicieron.

Por ejemplo: un exportador vende al exterior por un valor de U$S 1.000 y el tipo de cambio con el peso argentino es $1 por cada U$S1. Por lo tanto, su ingreso en pesos es $1.000. Supongamos que opera con insumos y trabajadores argentinos, por lo que sus costos están en pesos y equivalen a $1.100. Entonces sus ingresos son $1.000 y sus costos $1.100, este exportador o proyecto de exportación pierde dinero. Luego, de un día para el otro, devalúan la moneda a $3 por cada U$S1. Para asombro de todos, los mismos ingresos de U$S1.000 del exportador ahora son, en pesos, de $3.000 mientras sus costos siguen igual en $1.100. Pasó de perder $100 a ganar $1.900 recibiendo el mismo ingreso en dólares, ¡Negoción de la noche a la mañana!

Sin embargo, y a medida que el tiempo pasa, el dinero emitido se esparce y es gastado por los adicionales proveedores y trabajadores contratados. Consecuentemente los precios y salarios comienzan a subir relativamente. Más se gasta en bienes internos a lo que se le suma las mayores ganancias de exportadores favorecidos por el cambio de precio de la divisa (Hayek, 1937: 371). Si el tipo de cambio anteriormente devaluado no se ha movido, la ganancia en el sector exportador desaparece paulatinamente a medida que aumentan los precios y remuneraciones internas. El movimiento anterior se revierte: los costos (precios y salarios internos) en moneda nacional del exportador suben mientras el precio de lo que vende, medido en esa misma moneda, sigue siendo el mismo.

En el caso del exportador del ejemplo, si sus costos anteriores de $1.100 suben gradualmente hasta llegar a los $3.300 mientras el tipo de cambio sigue igual en $3 por dólar y tiene igual ingreso de U$S1.000 ($3.000), el comerciante está exactamente en la misma posición de pérdida previa a la devaluación. Ahora pierde $300 en lugar de $100, pero son sumas equivalentes: antes perdía $100 que eran U$S100 y ahora pierde $300 que también son U$S100. 

La actividad lograda es una ilusión. Primero porque simplemente es transitoria y, por lo tanto, no soluciona el problema esencial. Solo duró mientras los precios no se ajustaron al valor del dólar. Es únicamente durante el ínterin cuando “aumenta” el nivel de ocupación. Y segundo porque solo se consigue a costa de otros sectores (unos grupos ganan debido a que el resto es perjudicado). Mientras dure el lapso de ajuste de precios, se beneficia y se les da mayores ingresos en términos de moneda nacional a los exportadores, el sector turístico y a los extranjeros a costa del resto del país que ve disminuida su capacidad de compra en moneda extranjera (salarios e ingresos reales en moneda extranjera) y pierde por los efectos redistributivos de la inflación (salarios e ingresos reales). Los exportadores y foráneos reciben más moneda nacional por la misma cantidad de moneda extranjera que poseen mientras, por el contrario, los residentes que tienen la misma cantidad de moneda nacional deben entregar más de ella para obtener igual cuantía de extranjera.

Una vez los precios se ajustan al valor de la divisa, el país se encuentra en la misma situación. Los ingresos de U$S1.000 no alcanzaban con precios y salarios internos equivalentes a U$S1.100, solo bastaron cuando la devaluación redujo los costos a US$367 por cierto tiempo.
  • 4) Y es que incluso suponiendo que 3) no se da y los efectos no son solo temporales sino que duran a lo largo del tiempo, tampoco es cierto que en definitiva la devaluación cree riqueza. Supongamos que el otro país decide quedarse en el molde y no hacer nada ante la quita del mercado internacional provocada por la devaluación de su socio. Ciertamente la devaluación beneficia a los exportadores, que venderán más. Sus compradores extranjeros obtienen más moneda local a cambio de la suya y adquieren más bienes. El exportador tiene más ventas únicamente porque su precio en moneda extranjera es más bajo que antes de la devaluación. Ese menor precio en divisa foránea de los productos locales no se debió a una mejora en la productividad por más ahorro y acumulación de capital o mayor eficiencia de los exportadores. De haber sido así, todos tenderían a enriquecerse por la ganancia de ellos. Sin embargo, en el caso de la devaluación inflacionaria el menor precio en divisa extranjera solo se debe a un subsidio (una transferencia de riqueza) pagado por muchos en el país exportador hacia los compradores extranjeros. Riqueza es trasladada hacia el sector transable (los exportadores, sus trabajadores y proveedores) por parte de todo el resto del país que engloba el sector no-transable (Barron, 2012). Si, como suele ocurrir, los salarios de los demás trabajadores (precios de los servicios del factor trabajo) no se ajustan inmediatamente al nuevo precio de los bienes importados, entonces los exportadores y sus obreros ganan a expensas de los primeros. A todos los demás trabajadores domésticos se les reducen sus ingresos reales, quienes deben reducir su consumo, para incrementar los del sector exportador y sus alrededores. La expansión monetaria para devaluar la moneda no crea riqueza, la transfiere desde los trabajadores (clase media y pobres) y emprendedores hacia los exportadores y ligados al sector transable (Hollenbeck, 2015). Lo que está ocurriendo es que el país que devalúa exporta más pero obtiene menor cantidad de importaciones a cambio o, al menos, no más que antes por una cantidad menor de exportaciones (Mises, 1946). Los ciudadanos del país devaluante deben exportar más de sus propios bienes para comprar la cantidad de bienes externos que recibía antes de la devaluación por menos productos exportados. Globalmente es harto dudoso que sea más rico.
Los importadores se perjudican al perder muchas ventas. La moneda local compra menos moneda extranjera por lo que sus ventas caen al subir sus precios, lo cual refleja la pérdida de poder adquisitivo de la divisa nacional. Es cierto que a los extranjeros les es más barato comprar bienes locales, pero también es cierto que a los nacionales les sale más caro adquirir productos de afuera. La devaluación favorece a los que exportan gracias a que se perjudica a los que importan o compran productos importados. Para empeorar las cosas, suele ocurrir que muchos exportadores deben importar varios insumos para poder exportar. Con lo cual la ganancia de “competitividad” por la depreciación puede ser reducida considerablemente o directamente no aparecer. Obviamente, no todos los costos de los exportadores son de insumos importados, pero pueden serlo en buena medida. Si, por ejemplo, un país que no tiene petróleo (importa todo lo que usa y no posee sustituto) devalúa, sus exportaciones se pueden encarecer en lugar de abaratarse dado que ahora el insumo petróleo es más caro. Los que compraban productos en el extranjero deben a) restringir sus compras o b) reasignar sus gastos a productos nacionales menos rentables o de peor calidad que los extranjeros que solían adquirir.

Adicionalmente, la restricción de la oferta de bienes importados tiende a provocar que los productores nacionales puedan elevar mucho más sus precios de lo que podían hacerlo antes con la amenaza de competencia externa. Menor oferta de bienes para un gasto que no cambió y que ahora se filtra menos al exterior es una invitación a la suba de precios internos. Los productores nacionales relativamente ineficientes que antes no podían competir, porque sus precios y costos eran más altos que los de los productos importados, ahora pueden colocar sus bienes en el mercado cautivo interno producto de la devaluación. Muchos productores que usaban insumos más baratos importados para crear bienes en el país ven aumentados sus costos, reducidos sus beneficios y hasta pueden quebrar con la devaluación. La riqueza de muchos que estaban haciendo bien las cosas (tenían costos bajos, eran eficientes, compraban barato y vendían cosas valiosas) es sacrificada para beneficiar a los que estaban haciendo las cosas mal y no eran eficientes (ciertas industrias exportadoras, turísticas y productores nacionales).

Se perjudican, además, los que reciben al último el nuevo dinero creado para devaluar la moneda. Los exportadores son de los primeros destinatarios del circulante. Como consecuencia, pueden comprar con sus ingresos aumentados antes de que los precios y salarios comiencen a subir. Las mayores disponibilidades monetarias se esparcen a medida que pasa el tiempo elevando paulatinamente los restantes precios. Pero todos aquellos cuyos ingresos todavía no suben mientras sí lo hacen los precios de lo que compran, se perjudican. Los jubilados, pensionistas, etc. son ejemplos de este grupo de perdedores. Los exportadores y sus trabajadores que obtienen el dinero primero ganan la riqueza que pierden los últimos receptores del mismo.
  • 5) Incluso obviando la conclusión final de 1) y asumiendo que tratamos de evitar la inexorable reversión descripta en 3) con ulteriores devaluaciones que mantengan en cada momento del tiempo los transitorios efectos expansionistas, no se podría mantener (Mises, 1912: 224-31). Para lograrlo se necesitan continuadas devaluaciones o depreciaciones inflacionarias de la divisa. Es evidente que, tarde o temprano, los prestamistas no van a realizar préstamos en esa moneda que se sabe que se depreciará en el futuro. Se puede engañar a cierta gente por un tiempo, pero eventualmente las expectativas se adaptarán y los precios del país subirán antes de que la política se lleve a cabo (Howden, 2012).
En conclusión, la devaluación inflacionaria es un mal remedio contra la crisis. Sus supuestos beneficios reactivantes y absorbentes del desempleo se terminan revirtiendo para demostrar que son solo ilusorios, de corto plazo y no resuelven el problema principal. Emitir dinero no es la solución a los problemas. Lección que los políticos y los “heterodoxos” herederos de John Law-John M. Keynes jamás comprendieron.





Barron, Patrick (2012), “Value in Devaluation?”. Mises Institute: Mises Daily.

Hayek, Friedrich A. von (1937) Monetary Nationalism and International Stability. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Hollenbeck, Frank (2015), “Bad Idea: Devaluing Currency to Help Exporters”. Mises Institute: Mises Daily.

Howden, David (2012), “Expansionist Monetary Policies and the Trade Balance”. En Hülsmann, Jörg G. Ed. (2012) Theory of Money and Fiduciary Media. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Krugman, Paul; Olney, Martha L. y Wells, Robin (2007), Fundamentos de Economía. Barcelona, España: Editorial Reverté, SA. 2008.

Mises, Ludwig von (1912), The Theory of Money and Credit. New Haven: Yale University Press. 1953.

Mises, Ludwig von (1946), “Business Under German Inflation: The Losses from the German Inflation Far Exceeded Any Gains”. Foundation for Economic Education: The Freeman. 2003.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Salerno, Joseph T. (2014) “The Neo-Mercantilist Hysteria Over US Trade Deficits”. Mises Institute: Mises Daily.

sábado, 28 de noviembre de 2015

El error en la definición de “capitalismo” de la RAE


La Real Academia Española (RAE) define "capitalismo" como:
"Régimen económico fundado en el predominio del capital como elemento de producción y creador de riqueza."
Pero, ¿Cómo define "capital"? De esta forma:
"Factor de producción constituido por inmuebles, maquinaria o instalaciones de cualquier género, que, en colaboración con otros factores, principalmente el trabajo, se destina a la producción de bienes."
En palabras simples, la RAE define "capital" como bienes de capital. Por lo que la definición de "capitalismo" de la RAE quedaría:

"Régimen económico fundado en el predominio de bienes de capital como elemento de producción y creador de riqueza."

¿Cuál es el problema con esto? Pues que el socialismo también es un régimen económico fundado en el predominio de bienes de capital como elemento de producción y creador de riqueza. Cualquier régimen económico, basado en la división del trabajo, necesita que predominen los bienes de capital para producir y crear más riqueza. Incluso Robinson Crusoe solo en su isla necesita bienes de capital (una red, una vara para alcanzar moras, un hacha) para elevar su paupérrimo nivel de vida (producir más y ser relativamente más rico). Aun cuando, si lo deseara, Crusoe podría vivir sin ningún bien de capital rendido a que la naturaleza no lo quite las pocas moras o peces que come a diario con una plaga o agotamiento. Pero si quiere aumentar su riqueza y producción, debe meterse en métodos de producción indirectos, es decir, bienes de capital.

Tanto en el capitalismo como en el socialismo predominan los bienes de capital como elemento de producción y creador de riqueza. Lo que la RAE hace es, si nos guiamos por su definición estricta, decir que socialismo y capitalismo son sinónimos. Un enorme error.

El predominio de bienes de capital no es una característica distintiva definitoria del capitalismo, pues el socialismo también la posee. Pero en el primero hay derechos de propiedad, mercado y precio y, por ende, cálculo económico monetario para utilizar los bienes de capital. En el segundo, no lo hay. Esa es la diferencia esencial y definitoria.

lunes, 23 de noviembre de 2015

El colapso del relato: los salarios reales están estancados en 2001


Usando las estadísticas del INDEC de salarios y el índice de precios al consumidor no manipulado por el INDEC de Natalio Ruiz podemos ver como se comportó el nivel de salarios reales.


En el gráfico se muestra el nivel de salarios reales para el sector privado registrado, el sector privado no registrado, el sector público y el nivel general. Observen el índice general que nos muestra el nivel medio de los salarios en Argentina. Luego de la destrucción durante los primeros meses de 2002, los salarios reales crecieron notablemente hasta 2007 y desde entonces las altas tasas de inflación aplastaron esa rápida recuperación. Finalmente se estancan desde 2011 al igual que la economía.

El nivel general de salarios reales apenas recuperó el nivel de diciembre de 2001. Es decir que luego de 12 años de kirchnerismo jamás se pudo superar con creces el nivel del último mes de la convertibilidad en su momento de crisis.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Atraso cambiario: Vanoli miente, según el BCRA


De acuerdo con el presidente del Banco Central de Argentina (BCRA), Alejandro Vanoli, "No hay atraso cambiario…". Sin embargo, eso no es cierto si nos guiamos por los criterios que usó el banco central en otra ocasión para desmentir que hubiera atraso.

Corría el año 2009-2010 y ya se hablaba del tema. En aquel entonces el BCRA mandó información desmintiéndolo (de la mano del "periodista" que cobra más dinero del gobierno para defenderlo). ¿En que criterios se basaba el BCRA para negar un atraso cambiario? En estos tres:
  • 1) El tipo de cambio real multilateral (TCRM) debe estar por encima de la convertibilidad.
El artículo dice: "Página/12 tuvo acceso a un informe del Central que señala que el tipo de cambio real multilateral (comparado con los países con los que se sostienen relaciones comerciales) actual es un 143 por ciento superior al de la salida de la convertibilidad." 

Veamos el índice de Natalio Ruiz que usa un IPC no manipulado por el gobierno:


Claramente el TCRM no está muy lejos de la convertibilidad. Si tomamos diciembre de 2001 como 100, el TCRM hoy está en solo 107 (en su "mejor época" post "1 a 1" estuvo alrededor de 230). Están casi iguales. Por lo tanto, según el BCRA, hay atraso cambiario
  • 2) Debe haber superávit de balanza comercial y cuenta corriente. 
Continúa el artículo: "Para el Central, 'la existencia de un notable y persistente superávit de la balanza comercial y en la cuenta corriente, en un contexto donde estos superávit han mermado o desaparecido en la mayoría de los países de la región, es otra prueba no menor de que la competitividad sigue siendo muy alta'." 

Pues, de acuerdo con el INDEC, Argentina tuvo superávit de balanza comercial (exportaciones menos importaciones) muy pequeño, hasta ahora de apenas 1551 millones de dólares. Luego hay que recordar que el INDEC incluso manipula las estadísticas de comercio exterior inflando las exportaciones. Por lo que, en realidad, la cuenta está en déficit. Pero incluso si no tomamos en cuenta esa falsificación, el saldo ha venido claramente decreciendo (16 % acumulado desde el año pasado). Las exportaciones han caído todo lo que va del 2015 y 2014. El superávit comercial, como mínimo, "ha mermado" y mucho. Así que ya no es ni "notable" ni "persistente". 

En cuanto a la cuenta corriente, de nuevo según el INDEC, está en déficit en el segundo trimestre de este año y viene así desde 2014. 

Por lo tanto, no existe "un notable y persistente superávit de la balanza comercial y en la cuenta corriente". Nuevamente, según el BCRA, hay atraso cambiario.

  • 3) Debe existir un crecimiento de la exportación de manufacturas de origen industrial.
Por último tenemos esto: "El informe del BCRA remarca que, si el tipo de cambio estuviese atrasado, las manufacturas de origen industrial no hubiesen podido crecer un 39 por ciento en el primer cuatrimestre de 2010 con respecto al mismo período del año pasado."

Según el informe del propio INDEC, las Manufacturas de origen industrial cayeron 28 % respecto a septiembre del año pasado y 19 % en los últimos nueve meses.

¿Qué significa eso? Adivinaste. Según el BCRA, hay atraso cambiario.

Siempre pensé que la ridiculez de Marcó del Pontsería difícil de superar. Es complicado estar por encima de la peor banqueracentral del mundo. Pero Vanoli está haciendo esfuerzos denodados por entrar al podio.

viernes, 6 de noviembre de 2015

El mito de que el crecimiento empezó por Néstor



Uno de los grandes mitos que el aparato de propaganda del gobierno ha extendido es atribuirse la causa del crecimiento que ocurrió en Argentina post crisis de 2001. En particular, la expansión económica inusualmente alta del periodo 2003-2007. A tal punto, que lo apropiaron como "uno de sus logros". Imputarse el crecimiento implica necesariamente que Kirchner lo causó o al menos contribuyó a causarlo. Sin embargo, no es así.


Usando los datos de este otro post, primero veamos diferentes indicadores del nivel de actividad mensual. Dado que las series son previas a diciembre de 2006, las del INDEC como el EMAE (estimador mensual de la actividad económica) o el EMI (estimador mensual industrial) son relativamente confiables. Adicionalmente, he puesto las series alternativas y muy respetables de FIEL y de Orlando Ferreres respecto al nivel de actividad.

Cualquiera sea la serie que elijamos, claramente se observa que el ascenso inusualmente pronunciado de 2003-2007 comenzó antes de mayo de 2003 (el "mes cero" del calendario kirchnerista, cuando asumió "ÉL"). Por lo tanto (y voy a repetir esto varias veces dado que estoy yendo contra un lavado de cerebro de años), el incremento excepcional de la actividad visto entre 2003 y 2007 comenzó, como mínimo, aproximadamente desde mitad de 2002 y, como máximo, desde fines de ese año. No hay dudas de ello. Observen las flechas en el gráfico. Al llegar mayo de 2003 la actividad económica ya estaba firmemente en la senda de crecimiento en la que permaneció hasta 2007, como se puede ver a continuación.


La economía argentina ya estaba en la senda de recuperación previamente al 25 de mayo de 2003 y en la misma en que permaneció luego de esa fecha. La asunción de "ÉL" no cambió ni tuvo efectos sobre la trayectoria. Néstor Kirchner recibió una economía que ya estaba recuperándose, de ninguna manera él provocó esa recuperación.

En el siguiente gráfico está la utilización de la capacidad instalada industrial según FIEL (quien trabaja esta estadística desde hace más tiempo) y según el INDEC (que recién empieza en 2002). Luego de tocar su piso en el peor mes de todos (enero de 2002), comienza su marcha ascendente a la mayor utilización. Hacia mayo de 2003 ya estaba en pleno crecimiento la utilización de la capacidad instalada de la industria manufacturera. Una vez más, la "reactivación" en absoluto comenzó con el kirchnerismo de Néstor. La recuperación industrial ya estaba en marcha previo al momento de asumir.


Hasta ahora hemos usado datos de nivel de actividad mensuales. Uno de los problemas para este análisis de usar a continuación valores del PBI es que, obviamente, el mismo solo se calcula trimestralmente. Por lo que hay varios meses que se pierden en el agregado. Pero aun así se puede ver que la economía ya estaba entrando en la senda de crecimiento previamente a que Néstor asumiera en el segundo trimestre (abril-mayo-junio) de 2003.


Queda claro que es completamente falso decir que el crecimiento argentino post crisis de 2002 haya sido debido a Néstor Kirchner. La expansión inusualmente grande y continuada del PBI que duró hasta 2007 comenzó varios meses antes de que "ÉL" asumiera.

La recuperación argentina no es un artificio de las medidas de Kirchner, la misma ya venía ocurriendo previo a que asumiera. El crecimiento (o, mejor dicho, recuperación), que ya estaba en marcha, coincidió con Kirchner, no fue causado por "ÉL". Argentina no creció por Nestor Kirchner, se venía recuperando aceleradamente desde antes de que tome el mando. Encontrarse con la economía justo en pleno ascenso desde el pozo no es ningún mérito de él.

No debemos cansarnos de repetir que la Argentina no creció a tasas chinas por el gobierno K, sino que él simplemente encontró una economía que ya lo estaba empezando a hacer desde antes. De más está decir que tampoco es un mérito de la desastrosa administración de Eduardo Duhalde, cuyo corralón ayudó a hundir la economía hasta el fondo en el primer trimestre de 2002. Las economías se recuperan a pesar de los políticos, no gracias a ellos.

Por lo que incluso suponiendo que fuera cierto lo de "el mayor crecimiento de la historia" (algo que no es así) en 2003-2007, el mismo ya estaba sucediendo cuando Néstor llegó.

No es un logro de Kirchner algo que comenzó a ocurrir meses antes de que él siquiera fuera candidato. Que los kirchneristas se atribuyan la causa de ese crecimiento está basado simplemente en su relato fantasioso, no en los hechos.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Kirchnerismo después de Kirchner: La guerra argentina contra el efectivo



La guerra internacional contra el efectivo está pronta a ser total sobre la población de Argentina.

A pesar de que hace años que el banco central viene impulsando coactivamente la bancarización y además recurre a la estrategia clásica de los gobiernos de destruir el valor del billete sin emitir uno de mayor denominación para que sea más costos usarlo, la guerra contra el efectivo se ha hecho definitiva con Alejandro Vanoli y su "inclusión financiera". O, como lo llama él (y prepárense para la lluvia de eufemismos), el "Plan Nacional de Bancarización Inclusiva".

Esto no es patrimonio solo del partido de Cristina Kirchner, gobernante actualmente de Argentina y que, muy probablemente, se está por retirar. También afecta a la oposición. Es el Estado quien va contra el uso del efectivo, no un partido particular.

El diputado nacional del PRO y ex presidente del Banco Ciudad, Federico Sturzenegger, reveló hace meses las intenciones de su partido para con el dinero en efectivo: dificultar su uso al máximo y eliminarlo. Unos meses luego, el principal diario conservador del país, LA NACION, comenzó la campaña de convencimiento a la gente para eliminar el efectivo.

Aun en el supuesto de que Vanoli se fuera del banco central si el candidato opositor, Mauricio Macri, asumiera, su plan de bancarización coactiva muy probablemente continuará, dadas las intenciones expresadas por Sturzenegger.

Los próximos años van a estar caracterizados por la guerra total del Estado contra el efectivo y, por ende, contra nuestras libertades. Si alguien quería evidencia de alguna conexión ideológica profunda entre Macri y Kirchner, el estatismo confiscador es claramente una.

Nota aparte para Alejandro Rodríguez del CEMA: para quien la idea de Sturzenegger de eliminar el efectivo podría parecer un "producto de la mente retorcida de un libertario":

Decir eso es un error conceptual colosal. Sobre todo viniendo del CEMA donde, se supone, conocen algo de Liberalismo. Primero, a ningún libertario nunca se le ocurriría implementar una medida que implique un mayor control sobre la gente vía el sistema bancario actual (que es uno de los grandes aliados históricos del Estado). Segundo, los libertarios son precisamente los que, casi en soledad, más están en contra y denunciando desde hace años cualquier medida estatal que limite o elimine, en particular, el uso de efectivo. Jamás podría ocurrir que eso sea idea de un libertario. El comentario de Rodríguez no puede ser más desacertado y expresar más desconocimiento.

sábado, 31 de octubre de 2015

Pobreza en Argentina (actualización al 2014)


Esta es una pequeña actualización de un post del año pasado sobre tasa de pobreza de las personas en Argentina con datos que llegaban al 2013. 

Mientras tanto, el INDEC, que falsea los datos desde 2007 por ordenes del gobierno, dejó de publicar el índice de pobreza desde el segundo semestre de 2013 (también por ordenes del gobierno).


Como la vez anterior, el lector kirchnerista puede "seguir el camino amarillo" hacia el mundo de fantasía en donde en el primer semestre de 2013 la pobreza es solo 4,7 % y donde están esperándolo el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león.

Según los datos de la UCA, el porcentaje de personas pobres en 2014 alcanzó el 28,7 %, aumentando un 1,3 % respecto del número de 2013. Para el CIPPES la pobreza subió el primer semestre hasta el 31,5 % y cayó en el segundo al 29,3 %. El IPYPP muestra el valor más alto del gráfico para el cuarto trimestre de 2014 en 35,3 %. Por último, según la CGT, a fines de 2014 la pobreza era 28,5 %.

Algo que olvidé mencionar en el post anterior es que en el año 2003 hubo un cambio metodológico en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Por lo que, aún cuando no es una serie homogénea, a fines prácticos al índice de pobreza se lo suele presentar de forma continua.


Nuevamente acá está la pobreza promedio para 1990-99, 1991-2001, 2003-2014 y según el INDEC falseando datos (INDEK). El promedio de 2003-2014, solo toma los valores de diciembre del INDEC hasta 2006. Luego, a partir de 2007, los valores anuales de la UCA.

El kirchnerismo, en el promedio de su periodo de gobierno, tiene una pobreza mayor de el promedio de Menem (1990-99) y de la convertibilidad (1991-2001). El relato K, una vez más, se cae por sí mismo y solo puede ser creído por fanáticos que no ven la realidad.

jueves, 29 de octubre de 2015

El mito del "recalentamiento de la economía"


De acuerdo con la corriente principal (mainstream) de la ciencia económica, el "recalentamiento de la economía" ocurre cuando hay un exceso de demanda agregada (gasto monetario) respecto de la oferta agregada (producción potencial o tendencial). Ese exceso provoca desequilibrios como que la inflación aumente.

La analogía es la de un motor (la economía de un país) que, en el principio, comienza a funcionar (nivel de actividad del país) desde su mínimo y está frío. Luego mientras sigue funcionando, a medida que pasa el tiempo y llega al máximo de su potencial o lo sobrepasa, su temperatura (inflación) aumenta hasta llegar a valores preocupantes.

Alan Greenspan explica el caso clásico del supuesto recalentamiento (Salerno, 2010: 546). Cuando las empresas invierten (realizan gasto en inversión) en nuevo equipo capital o procesos tecnológicos demandan crédito adicional a los bancos. Cuando ese crédito se gasta en esos proyectos, los precios de los factores, incluyendo salarios, suben. Al subir esos costos, las empresas reaccionan aumentando los precios de los productos. Ello aumenta el costo de vida que incentiva a los trabajadores a pedir ulteriores aumentos de salarios. Lo que aumenta los costos y precios todavía más, precipitando una potencialmente explosiva "espiral salarios-precios" que puede hacer salir de control la inflación.

Esta historia, aceptada tanto por el mainstream como por la supuesta "heterodoxia", es, sin embargo, completamente errónea.

Si las empresas demandaran más crédito para invertir en bienes de capital o nueva tecnología, suponiendo que el ahorro permanece igual, las tasas de interés tenderán a subir y otras empresas van a pedir prestado menos de lo que lo hacían a las anteriores menores tasas. Si el banco central decide "acomodarse" a esta mayor demanda de crédito, solo puede hacerlo inyectando adicionales reservas en el sistema bancario y expandiendo la cantidad de dinero (en sentido amplio). Es decir, el incremento de la oferta de crédito no es inflacionario a menos que aumente la oferta monetaria (Salerno, 2010: 546-48; Lewin, 2012).

Si no se produce un aumento del crédito sin respaldo (o sea, un incremento por emisión de medios fiduciarios) ni del crédito verdadero (respaldado por ahorro genuino), una expansión adicional de la demanda de recursos para invertir y ampliar el aparato productivo por parte de los empresarios provocará un aumento de 1) el precio de los factores de producción (materias primas, trabajadores, herramientas, etc.) complementarios necesarios y 2) las tasas de interés de los fondos requeridos (Hayek, 1929, 2008: 35, 37, 41; Mises, 1949: 583). Ni los recursos reales (maquinas, trabajadores, instalaciones, hierro, etc.) ni los fondos prestables disponibles han aumentado mientras que sí lo ha hecho la demanda por ellos. La suba de costos, 1) y 2), por la mayor demanda para las inversiones adicionales abortará inmediatamente el intento de expansión desmesurada de los inversores. El valor actual de muchos proyectos cae porque suben las tasas.

Pero además, el proceso de crecimiento económico es posible porque los hogares deciden ahorrar más de su ingreso corriente que antes. Ese ahorro adicional provee a las empresas de fondos y recursos para invertir en construir bienes de capital, incluyendo los nuevos y diferentes necesarios para implementar los innovadores procesos tecnológicos. Luego, una vez que los bienes de capital estén completos y los nuevos procesos tecnológicos estén en marcha, la productividad del trabajo sube permitiendo que los negocios oferten más cantidad de productos de consumo a menor costo por unidad. De esta forma la economía crece aumentando la oferta de numerosos bienes de consumo resultando en una baja de sus precios. Aun en esas circunstancias, los beneficios continúan siendo altos y las empresas crecen sanas a pesar de la baja de precios de venta debido a que los costos medios caen más (inducidos por la acumulación de adicionales bienes de capital y mayor productividad del trabajo).

En palabras simples, el crecimiento económico, entendido como un aumento de la oferta y disponibilidad de bienes de consumo que desea la población gracias a la acumulación de capital, no es inflacionario. Repito, el crecimiento económico no es inflacionario. Si no se produce un aumento del dinero sin respaldo, la economía no se "recalienta" por mayor nivel de actividad. Al contrario, la expansión de la producción por mayor ahorro y acumulación de capital presiona todavía más los precios de los bienes a la baja. Es falso también que "para crecer necesitamos 'un poco' de inflación". 

Eso es lo que ocurrió con la industria de la electrónica, los videojuegos y las computadoras. La enorme acumulación de capital permitió que sus precios bajaran de manera brutal casi constantemente desde los 70s hasta hoy. Al mismo tiempo que mantenía márgenes de beneficios positivos y crecía el sector enormemente. En 1970 una computadora valía, y no estoy exagerando, unos U$S 4.600.000. Hoy una Dell de escritorio está en U$S 400 y no necesito ni si quiera explicar lo infinitamente superior que es en hardware y software a una de 1970. O veamos como evolucionó el precio de las computadoras portátiles y de escritorio desde 1992 hasta hoy.


Y para que vean que no estoy cometiendo una falacia de la composición con ese ejemplo (lo que es cierto para la industria informática particular no es cierto para la economía toda), les daré un caso histórico de una economía entera que creció con deflación: Estados Unidos en 1865-1896. Los precios tendieron a bajar todo ese periodo.




La tasa compuesta de crecimiento anual basada en los datos de PBN real de Balke y Gordon para 1869-1896 fue 3,74 %, con los datos de Romer en ese mismo periodo fue 4,06 % y según Officer y Williamson (Measuring Worth) fue 3,79 % para el intervalo más amplio 1865-1896. Incluso el PBI real per capita, según estos dos últimos autores, crece a una nada despreciable tasa de 1,46 % anual entre 1865 y 1896. Y no es despreciable porque debemos tener en cuenta que la población se duplicó en ese lapso desde 36 a 71 millones. Nadie puede negar que la economía creció notablemente entre 1865 y 1896. 

Mientras tanto, en los 31 años entre 1865 y 1896 los precios de los bienes de consumo cayeron (es decir, deflación) a una tasa anual de 1,86 % según el índice del nivel general de precios del NBER, 1,95 % según el IPC de la FED de Minneapolis y 2,11 % según el IPC de Officer y Williamson (Measuring Worth).

La economía americana crece (no sin algunas crisis en el medio, claro) hasta más o menos triplicarse en todas las series de producto bruto real estimado. Y ello ocurrió cuando los precios de los bienes finales tendieron a bajar todo el periodo.



Observen, además, que los salarios reales de los trabajadores se duplicaron en el lapso deflacionario de 1865-1896. Lo cual muestra que la productividad del trabajo ciertamente aumentó.

La inflación en absoluto es necesaria para crecer. La teoría del recalentamiento de la economía es uno de los grandes mitos de la Macroeconomía.








Hayek, Friedrich A. von (1929) Monetary Theory and the Trade Cycle. London: Routledge. 1933. En Salerno, Joseph T. Ed. (2008) Prices and Production and Other Works. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Lewin, Peter (2012), "Austrian Capital Theory: Why It Matters". New York: Foundation for Economic Education.

Mises, Ludwig von (1949), Human Action. The Scholar's Edition. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute. 1998.

Salerno, Joseph T. (2010) Money, Sound and Unsound. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute.

viernes, 16 de octubre de 2015

El mayor logro de la humanidad


Bradford De Long está lejos de lo que considero un economista respetable. Sus pedantes cometarios en su blog sobre cosas que no conoce muy bien y los lugares comunes en que coloca a sus adversarios ideológicos no son muy buenos. Es una especie de Paul Krugman más cínico. Sin embargo, nadie es malo en todas las áreas. En un paper de hace varios años, realiza una estimación del PBI mundial de hasta un millón de años atras (sí, leíste bien).
 

En el gráfico podemos ver el Producto Bruto Interno (PBI) real per cápita mundial promedio (en dólares internacionales de 1990) desde un millón de años antes de Cristo hasta el año 2000. Es decir, se observa el ingreso real promedio por habitante del planeta durante el último millón de años.

Gracias a esto, podemos decir con una gran seguridad que la raza humana* ha sido pobre prácticamente toda su historia. La pobreza ha sido casi siempre la condición de la humanidad.

La riqueza y bienestar que hoy tenemos es algo absolutamente singular. La actual prosperidad es extremadamente reciente. La parte verdaderamente "exponencial" del crecimiento moderno comienza en el siglo XIX. A partir de entonces el ingreso real per capita experimenta un crecimiento inédito en toda la historia.


Si tomamos la variación porcentual del PBI real per cápita mundial con respecto a la fecha previa, podemos confirmar que es durante el siglo XIX cuando más crece el ingreso real por persona en el planeta.

Mucho de lo que hoy conocemos como nuestra civilización se realizó gracias al capitalismo en el siglo XIX. Nuestro ingreso real ha comenzado a aumentar descomunalmente solo los últimos 200 años del último millón. Es decir, la raza humana solo ha sido "rica" el 0,02 % del tiempo. Casi nada. Todo el 99,98 % del tiempo restante fuimos pobres.


La población, por otro lado, comienza su crecimiento exponencial a partir de 1700 aproximadamente. Pero ese aumento se consolida realmente a partir de 1800. La cantidad de humanos es otra variable que crece como nunca en la historia, gracias a la enorme renta generada por la acumulación de capital. De no haber sido así, la humanidad jamás habría podido aumentar su cantidad a esos niveles dada la "Ley de Malthus".

Aun con ese crecimiento poblacional exponencial, a partir del siglo XIX se pudo aumentar constantemente el ingreso real por cada habitante del planeta también exponencialmente.

Nunca jamás en la historia tanta gente vivió tan bien como ahora. Somos increíblemente más afortunados que todos nuestros ancestros en eso. Pero lo damos tan por hecho que no somos concientes de la época absolutamente excepcional en la que vivimos. 

Es cierto que el actual no es el mejor de los mundos posibles, pero en verdad es el mejor mundo en que hemos vivido nunca. Reducir increíblemente en solo 200 años la pobreza que acompañó mucho más de un millón de años a la humanidad, es el logro más grande la historia de la civilización.



* "humanos" en el sentido amplio, evolutivamente hablando. De forma de incluir a los ancestros del ser humano actual (homo sapiens sapiens) de 100 o 200 mil años.

sábado, 10 de octubre de 2015

Liberalismo VS keynesianismo en Estados Unidos


En este post vamos a ver las tasas compuestas de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de Estados Unidos para los periodos de oro del liberalismo y del keynesianismo.

Siempre debemos recordar que no había contabilidad nacional en el siglo XIX. Las cuentas nacionales son una creación del siglo XX. Por lo tanto, lo único que podemos hacer son estimaciones de esa época. Las más modernas son las de Balke y Gordon (1988), Romer (1989) y las de Williamson y Johnston (Measuring Worth).

Debido a que estamos hablando de estimaciones, suele ocurrir que, en general, mientras más atrás en el tiempo vamos, más difícil y menos seguros son los resultados al realizarlas. Probablemente las más sólidas y revisadas comienzan en 1869. 

El periodo de 1869-1913 en Estados Unidos (y el mundo) suele ser llamado la "Era de oro del liberalismo". Durante esos años se impuso el Patrón Oro a nivel internacional, en Estados Unidos y varios países aún no había Banco Central, el comercio y los precios eran relativamente libres y el Estado era pequeño (en general, 10 % del PBI). Esa era termina claramente con el inicio de la Primera Guerra Mundial y el abandono del Patrón Oro. 

Mientras que el lapso de 1951-1973 suele ser llamado en Estados Unidos y el mundo la "Era de oro del keynesianismo" por los propios keynesianos (Skidelsky, 2009: 24, 115). En la cual los gobiernos intervinieron sin precedentes, fiscal y monetariamente, para “manejar” la economía (conseguir "pleno empleo" y crecimiento alto).

El siguiente gráfico muestra los resultados de las respectivas tasas de crecimiento:

Tasas compuestas de crecimiento anual del PBI en Estados Unidos
para los periodos de oro del keynesianismo y del liberalismo
Para el periodo de oro del keynesianismo, 1951-1973, el PBI real (en miles de millones de dólares encadenados de 2009 y haciendo un promedio de los 12 meses de cada año para el valor anual sin estacionalidad) de Estados Unidos según el U. S. Bureau of Economic Análisis (BEA), tiene una tasa anual compuesta de crecimiento de 3,86 %. Y si hacemos un promedio de las tasas de crecimiento anuales en esos 22 años nos da 3,88 %, no muy diferente.

Mientras que para el periodo de oro del liberalismo, 1870-1913, la tasa de crecimiento compuesta anual del Producto Bruto Nacional (PBN)* real en Estados Unidos, según las estimaciones modernas, es 3,90 % según Balke y Gordon, 4,07 % de acuerdo con Romer y 3,97 % según Williamson y Johnston. Y el promedio de tasas anuales de cada uno de los 43 años es 4,06 % de Balke y Gordon, 4,05 % de Romer y 4,06 % de Williamson y Johnston.

Claramente, aunque la diferencia es pequeña, la era de oro del liberalismo (1870-1913) supera en tasa de crecimiento anual promedio del PBI a la keynesiana (1951-1973) en cualquiera de las estimaciones modernas y revisadas. Se puede conseguir "alto crecimiento" sin el manejo deliberado del Estado.

Siempre hay que tener en cuenta algo muy importante: estamos comparando 22 años (1951-1973) contra casi el doble, 43 años (1870-1913). Por lo tanto, nadie razonable puede quedarse únicamente con la tasa promedio de crecimiento sin ver la cantidad de tiempo que duraron. Aun cuando las tasas de crecimiento entre la Era de oro del liberalismo y del keynesianismo son muy similares, la economía americana creció mucho más tiempo, a la misma tasa promedio, en el primer caso que en el segundo. Ello, por lo tanto, la hace superior. No es lo mismo crecer 22 años al 4 % anual promedio, que hacerlo durante 43 años.

Además, el crecimiento de la era keynesiana fue artificial e insostenible. Descontando crecimiento alto por posibles efectos "catch up" de posguerra, su fin llegó por su propia política inflacionaria y expansiva. Algo que hasta los propios keynesianos dicen. Skidelsky (2009: 128), aunque lo intenta minimizar como algo "limitado" y no esencial, lo admite: "[K]eynesian policy as practised in the 1960s brought the golden age into crisis….". De hecho, el fin no llegó abruptamente con el "shock petrolero" de 1973. Sino que la erosión y el fin de la "Era de oro del keynesianismo" comienzan, como mínimo, en 1968 y por sus propias tensiones internas (Glyn et al., 1988).





* Aun cuando hay diferencias entre PBN y PBI, se comportan casi idénticamente entre 1951 y 1973 y en absoluto cambia la tasa de crecimiento si la tomamos del PBN. Por lo que comparar tasas de crecimiento del PBN del siglo XIX y el PBI del XX no es problemático.





Balke, Nathan S. y Gordon, Robert J. (1988) "The Estimation of Prewar GNP: Methodology and New Evidence". NBER Working Paper No. 2674. Y también Journal of Political Economy. Vol. 97, No. 1, 38-92. 1989.

Glyn, Andrew; Hughes, Alan; Lipietz, Alain y Singh, Ajit (1988), "The Rise and Fall of the Golden Age". Cambridge Working Papers in Economics. World Institute for Development Economics Research.

Louis Johnston and Samuel H. Williamson, , "The Annual Real and Nominal GDP for the United States, 1790 - 2014" MeasuringWorth.

Romer, Christina D. (1989) "The Prewar Business Cycle Reconsidered: New Estimates of Gross National Product, 1869-1908". Journal of Political Economy. Vol. 97, No. 1, 1-37.

Skidelsky, Robert J. (2009) Keynes: The Return of the Master. New York: PublicAffairs. 2010.